viernes, 27 de diciembre de 2013

Prólogo

¡Hola lectores! Si, bueno, esto está muy muy muy abandonado y la verdad es que lo siento pero entre estudiar, una horrible falta de inspiración que continúa y una extraña semana pasada pues no conseguía animarme a publicar nada. De echo fue como una especie de enfado con blogger porque hasta dejé de entrar y de leer y comentar a los blogs que sigo.
Pero bueno dejando todo eso a un lado aquí estoy, y no, no traigo el capítulo 31 que sigue siendo una hoja en blanco. Hoy os traigo un prólogo, ¿un prólogo de qué? os preguntareis, pues no sé si os acordáis de que en octubre publiqué el borrador del primer capítulo de mi segunda historia, si queréis leerlo está aquí, sufrió bastantes modificaciones pero el esqueleto es más o menos el mismo.
Lo publico hoy porque es un día especial, el 27 de diciembre de 2012 fue el día que empecé a escribir en serio, el día que empecé con la historia. 
Y dejando sentimentalismos a parte os dejó con el prólogo de "From London to New York" y espero que os guste  :)



Tres años antes.

Un vaso de café apareció al lado de mi libro de microbiología con un golpe, en ese momento me permití el lujo de levantar la vista de él después de unas cuatro horas en aquella mesa de la biblioteca de la facultad.

Un chico me observaba y salté de la silla dispuesta a echarle una bronca por haberme desconcentrado.

-¿Quién se supone que eres?-Le pregunté muy cabreada.

-Llevas ahí toda la tarde y pensé que necesitarías un café- Me respondió aquel chico de penetrantes ojos azules.

-¿Así que te dedicas a regalar cafés a desconocidos?

-No, solo a chicas guapas como tú.

-Vaya, eres el primer gilipollas que me encuentro en dos años, molesta a alguien sin interés por los estudios y déjame en paz- Contesté mientras recogía mis cosas y salía de allí.

Empecé a caminar hacia la residencia en la que vivía con mi mejor amiga, Rachel, había tenido la suerte de encontrarla relativamente cerca de la universidad de Oxford porque de lo contrario habría tenido que coger unos dos autobuses.

Al entrar la vi tirada en la cama rodeada de apuntes, estudiaba medicina pero nunca estaba estresada. Nada más pasar  a  “La cueva de Rachel”, como a ella le gustaba llamarla, le conté toda la historia del chico de la biblioteca y ella dijo que debería de haber aprovechado la oportunidad. Puede que tuviera razón, sobretodo teniendo en cuenta que no salía con chicos desde el instituto, pero no era algo que quisiera sino algo que mi mente perfeccionista rechazaba y veía como una distracción.

Me fui a dar una ducha, nada más cerrar la puerta del baño llamaron a la puerta y Rachel gritó que ella abría, me quedé escuchando porque nunca nos visitaba nadie y la sorpresa no tardó en llegar.

-¿Qué haces aquí? Si es por lo de las tormentas ya te dije que no pienso dormir contigo como hacía tu hermana, sería muy raro para nuestra rara amistad- Empezó Rachel.

-No he venido a verte hasta aquí por eso, tu conoces a todo el mundo y estoy buscando a una persona.

-Es mi especialidad, ¿cómo se llama esa misteriosa persona?

-Ese es uno de los problemas, no lo sé. Es una chica muy guapa, alta, con el pelo castaño largo y unos hermosos ojos grises que nunca antes había visto.

-Oh no, dime que no eres tu el chico de la biblioteca.

-Pues lo cierto es que me la encontré en la biblioteca hace unos minutos, pero creo que no le caí muy bien.

-De eso puedes estar seguro-Dije saliendo del baño.

-Será mejor que te marches-Le dijo Rachel

-Pero yo...

-En serio márchate, nos vemos en clase mañana-Respondió Rachel mientras empujaba a un chico muy confuso por la puerta.

No me podía creer que aquel estúpido y mi mejor amiga se llevaran bien, ella intentó convencerme de que no era tan malo pero no accedí a escucharla. Finalmente dándose por vencida salió de nuestro pequeñísimo apartamento dispuesta a buscarle.

Los meses siguientes fueron una especie de extraña situación en la que aquel chico, al que me negaba a llamar por su nombre, intentaba hablar conmigo día sí y día también.
Empecé a preguntarme porque me negaba incluso a saludarle o a decirle mi nombre y una noche lo descubrí, me gustaba.

Rachel empezó a saltar por el medio de la cocina cuando se lo dije, pero paró de golpe al saber que me negaba a aceptar tales sentimientos y que los iba a seguir ignorando.

Pero ignorar lo que se siente no era tan fácil como yo creía al principio, puedes intentarlo, puedes engañarte a ti mismo, pero esa persona se paseará por tu mente mucho más a menudo de lo que querrías para recordarte que sigue estando ahí y que viene dispuesta a quedarse.

Me di cuenta de eso la tercera semana después de que desapareciera del mapa, la tercera semana después de que me prometiera irnos lejos, la tercera semana después de que yo accediera a dejar todo por lo que me había enfrentado a mi familia, la tercera semana después de echarlo de menos de tal forma que dolía.

Demasiado tarde, demasiado arrepentida, pero ahí me di cuenta de que el amor es algo asqueroso que no debería existir, pero que a pesar de todo no podía negar que los tres meses junto a esos ojos azules habían sido como vivir en una nube.

Él había conseguido que viera la vida que hay fuera de los libros y de la universidad, había conseguido que creyera en el amor, pero también había sido el primer hombre en romperme el corazón haciendo que sus progresos se fueran por el desagüe, mientras yo me hacía cada vez más fría y distante.

Mucha gente me consideraba dulce pero rencorosa, tanto como se equivocaban en lo primero acertaban en lo segundo.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Capítulo 30: Hablar o callar

¡Hola lectores! Llevo bastante tiempo sin pasarme por aquí, pero entre los exámenes (que terminé por ahora), mi cansancio por estudiar y que la inspiración me abandonó por completo hasta hace un par de días, me resultaba imposible acabar el capítulo.
Pero aquí está por fin, el capítulo 30 y como siempre espero que os guste y que comentéis :)


Miré el reloj posado sobre la mesa de la cocina que marcaba las nueve en punto, la tarde se había pasado volando, mejor dicho el día entero.
No sabía decir en que punto estábamos, pero no pude evitar sonreír al recordar todo lo que había pasado hace solo unas horas.
*
Las palabras estaban amontonadas en mi garganta decidiendo si salían o no, dejando la elección de decir la verdad o seguir ignorando lo que sentía. Cada vez era más difícil, cada vez se hacía más insoportable estar cerca de él sin abrazarle y besarle.
Y aquí estaba, pidiéndome las explicaciones que le debí de haber dado aquel día de abril, las mismas que el no me pidió.
¿Qué habría pasado si no llego a encontrármelo en la playa? ¿Hubiera logrado salir? Las preguntas crecían y las respuestas no llegaban ni llegarían. Lo que había pasado estaba claro, sentirle cerca era como si una corriente eléctrica me recorriera.
Seguía mirándome expectante, esperando a que hiciera algo y las palabras, poco a poco salieron sin contar con mi permiso.
-Hazlo-Respondí mientras lo miraba.
-¿Estas segura de que es lo que quieres?
- Lo he intentado, puedo jurar que he intentado alejarme de ti, pero aunque no estuvieras cerca mi mente siempre iba a los recuerdos en los que tu aparecías sin poder alejarse del todo. Lo de hoy fue la gota que colmó el vaso, no puedo seguir ignorando mis sentimientos hacia ti, porque existen, y por mucho que crea que no está bien estar contigo después de lo que me contaste no puedo ir de victima cuando yo misma quiero ver a John sufriendo.
Lo siguiente sucedió muy rápido y antes de darme cuenta estábamos abrazados y sus labios besaban los míos con tanta fuerza fuerza  como si nunca lo hubieran hecho. Y dejé de preocuparme por un instante de todo lo que podría pasar, de todos lo problemas y cosas sin resolver.
*

Se había ido hace media hora y lo echaba de manos, todas la emociones que estaban encerradas desde aquel día habían sido liberadas y ahora me hacían querer saltar y brincar por toda la casa.
Dos palabras sirvieron para sacarme de mi estado de felicidad, las únicas que podían brillar sobre la pantalla de un móvil. "Número oculto"
-Calle Técnico Industrial portal 5 en diez minutos.
La voz que habló no era John, es más nunca la había oído, pero me hizo recordar que esto solo acababa de empezar.
Comencé entonces a realizar las mismas acciones que cada vez que recibía una llamada extraña. Me cambié de ropa y salí de casa, esta vez sin llamar a nadie, era necesario que me enfrentara a esto sola -o eso me decía el instinto-
Por suerte conocía la calle que habían mencionado y estuve allí justo a tiempo, solo observé la presencia de un chico joven así que me quedé de pie esperando a quien fuera.
El chico caminó hacia mi y supuse en ese momento que sería él.
-Tu debes de ser Alicia.-Dijo sin mucha convicción.
-Si, ¿y quien se supone que eres tu?
-Ellos me llamaban Peter, pero llámame Pedro por favor.
Pedro, el nombre resonaba en mi cabeza mientras le intentaba encontrar relación, segundos después recordé que ese era el nombre de aquel amigo del que Javier me había hablado.
-Supongo que te preguntas para que te he llamado-continúo- y en vistas de que tu no has llamado a Javier, le diré que salga del coche.
Desapareció por unos minutos y me quede allí plantada pensando en una escusa decente que suavizara el enfado que seguramente se estaba cociendo en su interior. Habíamos acordado estar juntos en esto, pero de alguna forma esa especie de pacto no iba a funcionar.
Un par de minutos después ambos aparecieron y mi mirada bajó automáticamente al suelo, igual que siempre que estaba muy nerviosa.
Pedro nos empezó a contar que había dejado de una vez por todas el TJT, no tenía mucha información relevante y lo único con lo que me quedé fue con que el plan estaba a punto de terminar, pero de todas formas se lo agradecí.
Regresaba a casa cuando a mitad de camino Javier apareció detrás de mi.
-¿Por qué no me avisaste?- Preguntó enfadado.
-No creo que tengas que enterarte de todo lo que hago cada vez que salgo por la puerta de mi casa.
-Eso no es lo que acordamos...
-Acordamos que me ayudarías pero tienes un exceso de sobreprotección , como si me fuera a romper en cualquier momento.
Seguimos caminando en silencio, yo hacia mi casa, el hacia cualquier parte, a lo mejor había sido algo impulsiva pero no iba a permitir que nadie me tratara como si fuera una muñeca de porcelana, incapaz de hacer cosas, incapaz de enfrentarse a sus problemas.
Iba tan metida en mis pensamientos que no me di cuenta de que había llegado al portal.
-Buenas noches Javier- Dije mientras metía la llave en la cerradura, en vez de contestar  agarró mi muñeca y me giró. Estábamos frente a frente, como tantas otras veces.
-Entonces se acabó la sobreprotección- Nada más decirlo cogió mi cara entre sus manos y me besó, sus besos despertaban en mi cosas que nada más hacía, y mientras me abrazaba a su cuello me di cuenta de la verdad, esto era lo que había echado de menos aquellos meses.
Finalmente tuvimos que separarnos para recuperar el aire y volví a intentar despedirme.
-Son casi las once, tengo que entrar- Susurré lentamente.
-Pero estas sola en casa- Me respondió sonriendo.
-¿Y qué?
-¿No puedo ser sobreprotecctor una noche más?
Sin darme tiempo a responder Empezó a recorrer con cuidado mi espalda y mi cuello, haciendo que mi mente se transformara en una bruma que me impedía pensar con claridad, de alguna forma giré la llave y la realidad me golpeó cuando le vi en el pasillo de mi casa.
-No... no deberías estar aquí- Dije retrocediendo hasta chocar con la puerta.
-¿Estas segura?- Preguntó mientras avanzaba hacia mi.
-Completamente, puedes... puedes irte o dormir en el sofá... yo... buenas noches.
Cerré la puerta de mi habitación intentando aclararme y buscándole el sentido a lo que acababa de pasar, me metí en la cama esperando que el cansancio venciera por una vez el insomnio pero el reloj marcaba las dos de la madrugada y seguía despierta. La puerta se abrió lentamente e intenté hacerme la dormida por segunda vez en el día.
-Sé que estás despierta- Dijo Javier suspirando mientras encendía la luz.
Me incorporé y observé como se acercaba  y me abrazaba con ternura.
-No sé que clase de cosas raras tienes en tu extraña mente pero no tenía ninguna intención de acostarme contigo hoy, y ahora si dejas de hacer el tonto y me haces caso por una vez en tu vida mueve el culo y hazme un hueco que quiero dormir de una maldita vez.
No pude evitar reírme, a la vez que Javier me miraba extrañado y eso hacía que todavía me riera más, al final acabó riendo conmigo y esa noche conseguí dormir de golpe mientras en me abrazaba con un cariño que solo había visto el día de la explosión.
A la mañana siguiente me despertó un ruido que no supe identificar al principio, nada más escucharlo oí una voz que me resultaba demasiado familiar.
-¡Alicia despierta! Tienes la casa hecha un desastre.
Mi hermano estaba en casa, mi hermano estaba en casa y yo tenía a un chico durmiendo en mi cama.