martes, 30 de septiembre de 2014

Capítulo 36: Nosotros + Epílogo

¡Hola lectores! Aquí está el capítulo final, ¿suena raro verdad? Después de casi dos años de andadura por el mundo blogger aquí se termina una etapa de mi vida. En realidad hace ya unos cuantos días (bastantes) que lo tengo escrito, pero no me atrevía a publicarlo, no me gustaba, solo le encontraba fallos, pero supongo que también era porque no quería que esto se acabara.
Ha sido un tiempo maravilloso, cuando creé este blog nunca pensé que llegaría a escribir una historia, realmente nunca antes había escrito nada. A pesar de que muchos capítulos son un poco penosos de más (sobretodo los primeros) siento algo de orgullo cuando los leo, puede que algún día la reescriba entera pero por el momento la voy a dejar reposar.
Tampoco había pensado que duraría tanto, al principio iba a a ser una historia corta de no más de cinco capítulos, se me fue un poco de las manos...
Quiero agradecer a todas las personas que alguna vez decidieron hacer click y visitar el blog, a todos los lectores, a las personas que con sus comentarios me daban ánimos y me hacían sonreír. Este capítulo es para todos vosotros.
Y aunque mis ausencias (muchas y largas) han hecho que esto este muy muerto me prometí a mi misma que acabaría la historia y lo hice.
Puede que esto suene a despedida y no tengo claro si de verdad lo es, no tengo intenciones de cerrar el blog por el momento, no sé si darle otro uso (había pensado en hacer reseñas pero... no me convence la idea), si al final hago algo lo veréis.
Pase lo que pase voy a seguir escribiendo, me gusta. Es así de simple, sin importar lo mal o lo bien que se me de. Por ahora no tengo ni ganas ni ilusión para crear un blog nuevo para otras nuevas historias, y creo que este está más que usado en ese aspecto, sin embargo tampoco lo descarto.
En fin no sé que más decir, así que os dejo con el capítulo 36 y con el epílogo (si son las dos cosas porque si las hubiese separado no la terminaba ni en otros dos años) y como siempre espero que os guste y que comentéis :)
P.D: Si os habéis leído todo el rollo tenéis un lugar en mi corazón ^^

Hubo una época, cuando tenía alrededor de ocho años, en la que a mi madre le dio por tejer. Tejía de todo, bufandas, gorros, jerséis... a mi me encantaba una bufanda en distintos tonos verdes, la llevaba a todas partes durante el invierno, era como tener un trozo de mi casa cuando iba al colegio o a cualquier parte. Ahora mismo me gustaría tener algo parecido, algo con lo que identificarme aunque solo fuera por un par de segundos.

  Eso fue lo último que cruzó mi mente antes de caer en un inquieto sueño que fue interrumpido por los gritos de un par de locos destrozando una de mis canciones favoritas, Do I Wanna Know de Arctic Monkeys, sus gritos provocaban que la canción me retumbara en la cabeza, pero a pesar de eso me uní a sus cánticos. “Crawling back to you, Even thought of calling when you’v had a few? Cause I always do, Well baby I’m too busy being yours to fall for somebody new, Now I’ve thought it through, Crawling back to you”

  En cuanto la canción acabó no pude evitar que me diera la risa, era como si saliera de lo más profundo de mi. No sabía porque reía, supuse que por no llorar, pero a los pocos segundos los dos me imitaron ignorando que sonase como una psicópata.

-¿Y bien? ¿Dónde vamos?- pregunté una vez conseguí calmarme.

-Es una sorpresa, si te lo dijera no tendría ninguna gracia- respondió Pedro.

  El coche siguió su tranquilo camino y volví a quedarme dormida con el suave sonido del motor de fondo.

  Algo parecido a olas rompiendo en el mar hizo que abriera los ojos de golpe, un mar enfurecido se veía a través de las ventanillas y era incapaz de creer que estuviera allí. Recordaba ir a ese mismo lugar en una excursión del colegio, siempre me había gustado ver las olas chocar contra las piedras, el color turbio del mar en las zonas profundas, y la enorme sensación de vértigo al estar a punto de caer en ellas. Lo que no entendía era como ellos habían descubierto este lugar, no recordaba habérselo mencionado a ninguno de los dos. Por una vez no me importó en absoluto.

  Empecé a caminar por el sendero claramente marcado hasta llegar al final del cabo, la sensación era abrumadora pero no me moví. Me quedé quieta con los ojos cerrados mientras escuchaba el sonido de las olas y sentía el olor del mar penetrar en mis fosas nasales. Fue como si el simple hecho de estar allí limpiara mi mente haciendo que las ideas se aclaran y volviera a tener el control sobre ellas.

  Javier apareció a mi lado sacándome de mis pensamientos, sin palabras, solo agarró mi mano alejándonos de aquel lugar algo peligroso para terminar sentados en el medio del polvoriento camino.

-Deberíamos hablar, en algún momento- dijo titubeante.
-No sé realmente de que quieres hablar- respondí con cansancio.

-¿Te dice algo la palabra nosotros?

-Ya no hay un nosotros Javier, lo hubo no lo negaré, pero seguiste adelante, rehiciste tu vida con otra chica y no te culpo. Desaparecí olvidándote, olvidándonos.

  Notaba las palabras amargas al salir de la garganta, pero sentía que era lo que debía hacer. No podía volver cuatro años atrás en el tiempo, era tarde para ese nosotros por el que en aquel tiempo hubiera dado cualquier cosa. Sin embargo no lo hacía ahora. Somos personas diferentes a aquellos jóvenes que intentaban tener una vida normal a pesar de vivir bajo amenazas. Él tenía una novia a la que seguro que quería y yo, bueno, yo me había mudado, trabajaba a tiempo parcial en una cafetería, estudiaba algo que me gustaba, y lo más importante, era feliz. Más bien creía serlo hasta hacía un par de días, ahora ya no podía estar segura.

-¿Estás dejándome otra vez?-preguntó después de un largo silencio.

-No creí que hubiésemos vuelto en ningún momento, yo no salgo con chicos con novia.

-Deja a Marta fuera de esto, esto es entre tu y yo, entre nuestros sentimientos, esos que nunca llegaron a irse en todo este tiempo.

  Antes de poder replicar agarró mi cara entre sus manos y me besó. Era totalmente consciente de lo que estaba haciendo. Era consciente de su mano en mi pelo, de cómo nuestras bocas intentaban decir lo que nosotros no podíamos, de cómo sentía el muro que protegía mi corazón desmoronándose una vez más.

-De ningún modo iba a dejarte marchar de nuevo sin despedirme- dijo separándose abruptamente.

  Después de aquello volvimos al coche y Pedro siguió conduciendo hasta llegar a mi casa. Ahí me despedí de él y le di las gracias por todo lo que había hecho por mi, tanto en el pasado como ahora. Antes de empezar a caminar di una última mirada en esa dirección para encontrarme con los ojos de Javier, observándome como tantas veces hizo, se despidió con un ligero movimiento de cabeza y el coche siguió su camino. Ahora era el momento de que yo siguiera el mío.

  Me pasé varios días llorando sin control, me dormía llorando y me levantaba llorando. Nadie entendía el motivo, ni yo misma lo hacía, hasta que una semana después me desperté con los ojos completamente secos y una enorme sonrisa en la boca. Ese día salí a la calle por primera vez en un tiempo, salí a pasear, hice la compra, cociné uno de mis platos favoritos, llamé a mis preocupados amigos y salimos a celebrar el fin de las lágrimas y del verano.

Epílogo

  La vida es más complicada de lo que la sociedad intenta hacer creer. No es justa, y lo de que a las personas buenas deberían sucederles cosas buenas es una completa mentira.

  Durante cuatro años sentí como si mi vida fuera un puzzle sin resolver, como si le faltara una pieza para conseguir la visión global y lograr entenderlo todo. Aquel día obtuve esa visón, fue exactamente eso, encontrar la pieza que faltaba.

  A veces me preguntaba que habría pasado si John nunca se hubiese cruzado en mi vida, si nunca le hubiera escrito una carta a Lucas, si él nunca fuese secuestrado, si nunca hubiera hablado con Javier si mi padre hubiese sido una persona normal.

  Las decisiones son lo que nos determinan, lo que nos hacen ser como somos y por mucho que nos gustaría no podemos controlar el destino ni retroceder en el tiempo para evitar los errores.


He sido valiente, he tenido miedo, he reído, he llorado, he odiado, he amado, pero por encima de todo he vivido.


Y esto ha sido todo queridos amigos, aquí se acaba la historia que empecé en diciembre de 2012 y termino este último día de septiembre de 2014 justo antes de empezar una nueva etapa de mi vida que puede depararme muchas cosas diversas.

P.D2: Esta es la canción que cantaban Alicia, Javier y Pedro.





Y ahora si que me despido, muchos besos y que os vaya muy bien (si me estoy poniendo emotiva) ;)

martes, 22 de julio de 2014

Capítulo 35: La cruda realidad

¡Hola! Aquí llega el capítulo 35, por fin conseguí terminarlo. El siguiente no sé cuando podré publicarlo, pero no estará antes del próximo mes. Hoy no tengo mucho más que contar así que como siempre espero que os guste y que comentéis :)


El viaje fue incomodo y raro, intenté aprovechar el tiempo para dormir sin resultado. En algún momento paramos en una estación de servicio y tras un café doble y tres donuts la vida se veía menos gris.

Sobre las once y media llegamos a mi antigua cuidad, me alegraba reconocer algunas de sus calles, sin embargo no recordaba nada del lugar al que finalmente nos dirigíamos.

Seguí a Pedro a través de una oxidada escalera y después de tocar el timbre esperamos. Me dije a mi misma que debía relajarme, pero dudaba que pudiera volver a hacerlo nunca más. La puerta se abrió  y un chico pasó su mirada de Pedro a mi mientras clavaba sus dedos sobre el marco de la puerta.

-Alicia... tus... tus ojos siguen siendo tan verdes como los recordaba- dijo con la voz rota al terminar la frase.

Antes de poder contestar me estaba abrazando y yo mantenía mis brazos estáticos a ambos lados de mi cuerpo sin saber que hacer ni decir, Pedro le susurró algo y entramos. El apartamento era completamente diferente a la fachada exterior, tenía un aire bohemio y muchos muebles de color blanco.

Sentada en un sofá estaba una rubia de mirada alegre que parecía sacada de los felices años veinte, calculaba que tendría un par de años más que yo y le di una mirada a Pedro para saber si a ella también tendría que conocerla. Un leve movimiento de cabeza me hizo entender que no, pero seguía sin saber quien era esa chica que tanto daño estaba haciendo a mi autoestima.

-¡Pedro! Hacía meses que no te veía- saludó con voz cantarína levantándose del sofá.

-¿Qué tal estás Marta?

-Estupendamente- contestó con una enorme sonrisa- Oh, no estoy segura de que nos conozcamos.

-Eh, no, soy A...- Es Cristina, mi novia- cortó Pedro.

La conversación siguió sobre la sorpresa de la tal Marta acerca de nuestro “noviazgo” y minutos después se fue dejándonos a los tres muy incómodos.

-Bueno, ¿y quien era?- pregunté intentando romper el hielo.

-Mi novia, Marta es mi novia- murmuró Javier.

Algo amargo se cocía en mi interior, algo como celos, aunque era absurdo tenerlos ya que no recordaba nada de aquel chico, ¿o lo hacía? Levanté la vista hasta sus ojos y sentí la, ya familiar, sensación de un flashback.
*
Mi versión joven estaba en una cama de hospital, había tubos saliendo de uno de sus brazos y estaba acompañada por un chico. Podía apreciar la lucha interna que ella tenía, quería hacer algo pero no estaba segura. Antes de pensarlo mucho ambos se fundieron en un beso y la cara del chico se volvió- nítida, era Javier.
*
-Eh, Alicia, vuelve a la realidad- dijo Pedro chasqueando los dedos delante de mi cara.

-¿Otro flashback?- preguntó con cara de interesante que no desapareció tras un asentimiento por mi parte.

-Sabéis, sois dos chicos, nos os recuerdo, yo soy una chica y no tengo porque contaros todo lo que veo.

-¿Nos besábamos?-preguntó Javier con cansancio, al ver mi cara de incredulidad continuó- ¿Era en tu casa? ¿En la mía? ¿En la calle? ¿En el hospital? ¿Tal vez cuando dormimos juntos?

Quería pegarle fuerte, sin embargo me mantuve en mi sitio sintiendo el calor avanzando por mi cara mientras ellos dos se reían.

-Esto fue un error, no debería haber venido- contesté dirigiéndome a la puerta.

-Espera- dijo Javier impidiéndome abrir la puerta.

-No, suéltame y vete a buscar a esa novia que no puede saber quien soy- estaba hablando sin control, olvidando los filtros que evitaban que dijese tonterías .

-Pedro, vete a por algo de comer- dijo Javier.

-Está bien, ¿alguna petición?

-¿Puedes traer una hamburguesa de pollo, patatas gigantes y dos donuts de chocolate rellenos de crema?- pregunté con tranquilidad antes sus cara asombradas.

-Supongo, en fin volveré cuando lo consiga- respondió resoplando.

En cuanto salió por la puerta sentí la incomodidad instalada en el salón, camine hacia el sofá sin entender porque seguía allí y no me había marchado.

-Estás celosa- afirmó Javier con una media sonrisa en los labios.

-Yo... creo que es posible, aunque no te recuerdo y no tengo derecho a estarlo.

-Parte de ti lo hace, bueno ¿lista para empezar?

Y la historia comenzó, era absurda, surrealista y sin ningún sentido, pero de alguna manera había ocurrido. Durante una breve pausa observé mi mano derecha agarrada a su brazo, iba a retirarla pero lo impidió. Se giró de forma que nuestros ojos quedaron al mismo nivel, el corazón me latía con fuerza y notaba como nos íbamos acercando poco a poco, con una mezcla entre temor y urgencia que la parte racional de mi cerebro no comprendía, entonces me aparté.

Salí disparada del sofá y entré en una habitación que creí que era el baño, pero que resultó ser un lugar para guardar trastos. Resbalé hasta el suelo y sentía las lágrimas deslizarse por mi rostro, mi visión empezó a volverse borrosa, el aire era insuficiente y me arrepentí con todo mi ser de haber empezado esta absurda búsqueda de recuerdos.
*
Estaba casi segura de que había gritado, era como estar dentro de una película observando los acontecimientos suceder pero sin poder hacer nada.
Al principio todo estaba oscuro y lo máximo que podía apreciar eran sombras de objetos diversos, poco tiempo después sentí una puerta abrirse y las luces se encendieron. Mi versión joven caminaba al lado de una chica con cara de perturbada, en ese instante la reconocí y lo relacionado con ella se aclaró en mi mente igual que niebla disipándose.
Todo vino de golpe, el mundo se tambaleaba, la historia cobraba sentido poco a poco y lo único que sentía era un vacío profundo y oscuro.

-¿Te crees muy lista no es así?- escuchar la voz de John de nuevo hizo que empezara a temblar.

-No me lo creo, lo soy-contestó Alicia con arrogancia.

-Teresa, haz los honores- replicó él sin mirando hacia una jeringuilla.

Teresa la agarró y se dispuso a sacar sangre a su antigua amiga, después de cuatro tubos presionó una gasa en la zona y la aseguró con esparadrapo con la facilidad de quien ya lo había hecho más veces, y así era.

-El plan está en marcha, si como es obvio tiene el gen podremos pasar a la siguiente fase, si no lo hace...- Si no lo hace esperaremos- cortó otro de los ayudantes, ahora sedadla.

La habitación se fue vaciando lentamente hasta que solo quedaron una inconsciente Alicia, John y un par de ayudantes entre los que se encontraba Pedro, horas después John fue a observar el resultado de los análisis dejando a los jóvenes al cuidado del cuerpo. Un par de golpes bastaron para dejar en el suelo a los demás y Pedro, que ya se había encargado de coger los medicamentos que Alicia necesitaba, cargó con el cuerpo y salió corriendo de allí.

Consiguieron salir del edificio y cuando estuvieron a una distancia prudente empezó a administrarle los específicos para que su vista regresase, la conciencia volvería por si misma en poco tiempo.

Mientras arrancaba trozos de hierba Pedro se dio cuenta de que lloraba, lloraba de rabia y frustración por que gente inocente estuviera encerrada y sufriendo por culpa de TJT. Finalmente Alicia despertó y su alegría por volver a ver fue cortada al escuchar ruidos, se escondieron detrás de un árbol y vieron como John y sus amigos estaban a escasos metros de ellos armados con pistolas.

-Ahora que te hemos encontrado vas a explicarnos a todos porque no tienes lo que estamos buscando- dijo Teresa apareciendo a sus espaldas.

-No sé de que hablas- respondió Alicia con tranquilidad.

-Si lo sabes- gritó Teresa fuera de si al tiempo que la apuntaba con una pistola.

Todo el mundo se quedo callado en ese momento, solamente se oía a los pájaros volar de unos árboles a otros. Alicia estaba calmada, sabía que iba a morir, lo sentía y por esa razón, como nada importaba, se movió. Empezó a dar patadas y puñetazos al aire dejando a todos lo presentes pasmados, hasta que gritó y las dirigió hacia la portadora de la pistola. Comenzaron una pelea, se tiraban del pelo rodaban por el prado, como dos personas a las que se les habían cruzado los cables, algo que no se distanciaba mucho de la realidad.

La pistola de Teresa salió disparada en algún momento y Pedro aprovechó para cogerla, poco después ambas chicas pararon de pelear y, aunque estaba exhausta, Alicia se levantó y fue al encuentro de Pedro. Por desgracia había alguien más, como no podía ser de otra forma se encontró cara a cara con John.

-Tu familia es especial, ambas partes tienen un coeficiente intelectual superior a la media, muy superior, al juntarse podían pasar muchas cosas diferentes, alguien normal, alguien algo superior, o tú. Más bien lo que creíamos que tú eras, la hija mayor debía de ser poseedora de una inteligencia nunca vista hasta el momento, todo indicaba a que era así, con lo que le inyectamos a tu madre durante el embarazo debería de haber sido así,  creíamos que aún no se había manifestado, pero no lo tienes-dijo John calmadamente.

 Los ayudantes se acercaron formando una especie de tapón que les impedía la visón de cualquier otro cosa distinta de aquellos cuerpos, comenzaron a gritar ordenes unos a otros y Pedro supo que era el momento de actuar.

-Todo el mundo quieto, acercaros un centímetro más y os juro que la mato para que os quedéis sin plan y tengáis que buscar otra forma de joder la vida de la gente- gritó Pedro apuntando a Alicia directamente en la cabeza.

Fue como si todo se volviera negro, solo se oían disparos, y gritos desgarradores que hacían que el corazón se encogiera. Alicia estaba agachada detrás de una roca, había conseguido llegar a ella en el momento del comienzo del caos. Pedro, por el contrario, no tuvo tanta suerte y fue esposado y metido en un camión que lo llevaría a cualquier parte.

Puede que fuera la adrenalina, pero en ese momento Alicia sintió como desaparecía la pasividad, no iba a dejar que la mataran. Iba a luchar.

Se levantó, salió de detrás de la roca y fue directa al caos, pero antes de poder si quiera acercarse sintió como era esposada y como una jeringuilla se hundía en su brazo haciendo que perdiera la conciencia de nuevo.

Cuando despertó estaba atada a una camilla, intentó forcejear pero fue completamente inútil. John apareció a los pocos minutos y se sentó al lado de la camilla.

-Tenia grandes planes para ti, cuando te hiciera cooperar ayudarías a los técnicos y crearíais lo necesario para acabar con todos nuestros enemigos. Ahora, sin embargo, eres completamente inútil y sabes demasiado, ¿qué se supone que debo hacer contigo?

-Dejarme salir de este sitio para que pueda volver a mi vida es una buena opción- aventuró Alicia siguiéndole el juego.

-Eso no va a ocurrir del todo, tengo en mi poder un suero capaz de borrarte la memoria. Así podrías volver a tu vida de siempre sin ningún recuerdo que nos involucre- contestó John.

-Lo dices como si mi opinión tuviera valor, ¿de verdad crees que a estas alturas me importa algo de lo que me puedas hacer? Lo único que espero es no volver a verte jamás.

-Jamás digas jamás querida Alicia, jamás digas jamás.
*
-Tenemos que llamar a emergencias, lleva casi media hora inconsciente-dijo Javier

-¿Y qué les decimos? ¿Qué no la despierten porque está recordando lo que le obligaron a olvidar?

Estaba escuchando voces, quería incorporarme y abrir los ojos pero una parte de mi seguía aún en otro mundo.

-Está llorando,¿por qué está llorando? Dame un móvil ahora mismo- ordenó Pedro

-Espera, se está moviendo, creo que recupera la conciencia.

-Échale más agua, puede que ahora funcione.

-Parad...parad es...estoy aquí- dije lentamente.

-Alicia abre los ojos, no estarás aquí hasta que no los abras- contestó Javier con urgencia en la voz.

Poco a poco fui abriendo los ojos, estaba tumbada en el suelo del baño, rodeada de toallas húmedas y con el rostro y parte del cuerpo empapados. Ahora lo del agua tenía más sentido.

Lentamente conseguí incorporarme y entre los dos me llevaron con un cuidado excesivo al salón y me obligaron a comerme un donut, algo que no consiguió sacarme de mi estado de estupefacción.
Estaba confundida, muy confundida, y alterada, además era incapaz de creer que todo eso hubiese pasado.

-¿Qué pasó después de que te metieran en el camión?- le pregunté a Pedro

-Me llevaron a una de sus bases y de una forma que no incumbe a nadie conseguí escapar, ¿cómo sabes eso?

-Lo vi todo desde una perspectiva exterior, como si estuviera viendo una película. Hay algo que necesito saber, ¿John está muerto?

-Nadie lo sabe, se encuentra desaparecido, puede estar en cualquier parte-contestó Javier.

-Creo que debo irme a casa y asimilar todo lo que pasó en aquel tiempo- dije de golpe.

Para mi total sorpresa ninguno dijo nada, se levantaron y fuimos hasta el coche de Pedro. No entendía que pintaba allí Javier ni que era lo que estaban planeando, pero mi cansado cerebro había tenido bastantes elucubraciones por un día y decidí que era el momento de dejarlo estar.

miércoles, 16 de julio de 2014

Premios

¡Hola! Aquí estoy de nuevo, casi no recuerdo la última vez que publiqué algo, pero ahora se acabaron las clases, los exámenes, el estudiar y soy libre como un pájaro. Bueno soy libre desde hace dos semanas pero estaba completa y absolutamente agotada para hacer algo que implicase usar mucho el cerebro. El capítulo 35 (penúltimo capítulo) ya está escrito, solo le faltan un par de detalles así que lo publicaré esta semana. Venga que me voy por las ramas, hoy estoy aquí porque Elena Darson me nominó, hace ya un tiempo, a los premios Liebster Award y a los Premios Dardos. No voy a seguir con la cadena pero si alguien quiere hacer los premios es libre de usar las preguntas que me hicieron a mi.

Liebster Award

Normas:

  • Agradecer al blog que te nominó
  • Responder a sus 11 preguntas
  • Nominar 11 blogs
  • Avisar a los blogs nominados
  • Hacerles 11 preguntas
Como ya he dicho a estos premios me ha nominado Elena Darson, a quien se lo agradezco mucho y quien tiene un blog fantástico.

Preguntas:

  • ¿Libro o película? ¿Por qué?
Si estamos hablando escoger entre una adaptación cinematográfica y el libro en el que se basa, entonces escojo libro sin ninguna duda. Siempre será más real, tendrá todos los detalles y eres tu quien se imagina los escenarios y los personajes.
Si se trata libros o películas en general la respuesta tampoco varía, no soy mucho de películas y prefiero pasar un buen rato leyendo que mirando una.

  • Si pudieras casarte con un personaje de un libro, ¿cuál sería y por qué?
Puees, yo siempre digo que no me voy a casar nunca, pero si en algún momento se inventara una máquina para sacar personajes ficticios secuestraría a Peeta y entonces lo obligaría a casarse conmigo.

  • ¿Cuál es el último libro que te has leído?
El último que leí por primera vez fue Ana Karenina, después releí Divergente e Insurgente.

  • ¿Cuál es tu color favorito? ¿Te recuerda a algo/alguien?
Mi color favorito es el morado y no me recuerda a nada concreto.

  • ¿Verano o invierno?
Sin ninguna duda verano.

  • ¿Te gustaría publicar un libro algún día?
Gustar por supuesto que me gustaría, pero no es algo que vaya a suceder y ni siquiera lo veo como un sueño.

  • ¿Qué harías durante un día si tuvieras todo el dinero del mundo?
Compraría todo lo que se me pasara por la cabeza.

  • ¿Cuál es tu serie favorita? ¿Y tu personaje de ella?
Solía decir que mi serie favorita era Anatomía de Grey (de ahí saqué parte del nombre de blogger) pero actualmente no me gusta por donde tiraron y en mi opinión debería de haber acabado hace tiempo. Veo muchas series, crónicas vampíricas, pequeñas mentirosas, la chica invisible, the originals, teen wolf... más las muchas que se me pasan, las que ya vi enteras y un larguísimo etc. Pero si en este momento exacto tengo que elegir una me quedo con Shameless (la versión estadounidense) y el personaje sería Fiona.

  • ¿Lluvia o Sol? ¿Por algo en especial?
Me gusta mucho más el sol, porque lo asocio con el verano, el buen tiempo y parece que levanta el animo.

  • ¿Qué no podrías dejar de comer?
Chocolate.

  • ¿Cuál sería tu regalo perfecto?
Cualquier libro que no tenga en mi estantería o entradas para el concierto de algún grupo o cantante que me guste.


Premios Dardos





Normas:

  • Incluir imagen del premio
  • Agradecer y enlazar al blog que te nominó
  • Enlazar 15 blogs más


Hasta aquí la entrada de hoy, nos vemos pronto con la primera parte del final. Besos ;)

martes, 3 de junio de 2014

Capítulo 34: Recuerdos

¿Hola? ¿Hay alguien? Si, soy yo, después de haber desaparecido (otra vez), podría contaros mis múltiples inconvenientes para publicar, pero hoy no lo voy a hacer porque estoy muy cansada.
Lo curioso es que cuanto más tengo que estudiar más me sale la vena creativa por lo que aquí está el capítulo 34. Iba a ser mucho más largo, pero decidí publicar lo que tenía porque llevaba mucho sin hacerlo. Bueno aquí lo dejo y como siempre espero que os guste y que comentéis :)
P.D: no soy muy fan de eso de poner trazos de canciones al empezar un capitulo, pero este me encanta y no me pude resistir ^^


“I’m in the foreign state, my thoughts, they slip away, my words are leaving me,
they caught an airplane, because I thougt of you, just from the thought of you”

Wings, Birdy

4 años después


La estación de tren siempre había tenido algo, puede que fueran los frescos de las paredes occidentales o el aire de otra época que inspiraba, no lo sé. Después de un mes en Europa apreciaba aún más los detalles de aquel antiguo mercado que ahora tenía un uso muy distinto.

A pesar de todo la cuidad me seguía pareciendo nueva, cuatro años en ella no eran suficientes para que me sintiera parte de ella por completo. Con mis veintiún años era un proyecto de química -quien lo hubiera dicho en el instituto- y tras mucho insistir mis amigos me habían convencido para ir de viaje por diversos lugares de Europa.

Me encontraba mirando el panel que marcaba el tiempo para la llegada del próximo autobús pensando solamente en las ganas que tenía de llegar a casa y dormir en mi cama. Alguien me golpeó en el hombro y nada más girarme una imagen apareció en mi mente, un hombre sosteniendo una pistola y apuntándome. Instintivamente empecé a retroceder sin entender que era lo que me acababa de pasar. Agarré las maletas y caminé insegura hacia el autobús que se acercaba sin dejar de pensar en la imagen, especialmente en la cara aterrada que tenía aquella versión de mi.

Tenía que ser cosa del cansancio, o el recuerdo de alguna pesadilla, no existía otra explicación. Intentaba convencerme de ello, pero sabía que no era cierto, sabía que había otra, la posibilidad de que tuviera algo que ver con las “lagunas” que tenía sobre el verano de hace cuatro años, ¿podía haber pasado eso de verdad? Tampoco tendría sentido, ¿por qué iba alguien a apuntarme con una pistola? Un escalofrío recorrió mi columna vertebral, sabía que se me escapaba algo, podía sentirlo en mi interior, como si estuviera luchando por salir. Pero no lo hizo.

Lo que en mi mente iba a ser un reencuentro fantástico con mi cama en realidad se convirtió en una noche de insomnio mirando al techo mientras pensamientos de pistolas rondaban mi cansado cerebro que solo quería olvidar el jet-lag y dormir. Las primeras luces del día salieron cuando el cansancio ganaba la batalla y en ese preciso momento otra imagen me asaltó, en ella mi versión joven estaba pegando a otra chica que no reconocía.

Eso fue suficiente para que el miedo se instalara en mi interior, seguía sin saber si algo de eso había ocurrido, pero algo parecido a  un presentimiento me decía que si. Sin saber a donde ir dejé que mis piernas se movieran por las calles llenas de niebla matinal, hasta que levanté la vista y observé el imponente edificio azulado de la estación de tren.

Las ocho de la mañana no era la hora en la que esperaba encontrarla concurrida, sin embargo algunas personas hacían cola para sacar billetes o para esperar su tren. Seguí caminado despacio para poder mirar con cuidado los dibujos del techo.

 -Sabía que volverías aquí-una voz masculina me sacó de mi embelesamiento y me giré con cuidado preparada para correr si era necesario.

 -¿Quién eres?-pregunté alejándome un poco.

 -Nunca quise creer en eso de que te habías olvidado de todo aquel tiempo, pero veo que es cierto.

 -No has respondido a mi pregunta- dije frustrada.

 -Soy Pedro, el mejor amigo de tu antiguo novio- contestó con calma.

-¿Antiguo novio? Esa si que es buena, no pienso aguantar bromas de un pirado -respondí saliendo de allí

 -¡Espera!- dijo agarrándome de un brazo- ¿Estás teniendo flashbacks? Claro que si, que harías en este sitio a estas horas si no. Puedo ayudarte a recordar, pero debes creerme.

-No tengo ningún motivo que me haga pensar que dices la verdad, más bien pienso que eres un chiflado o que esto es una cámara oculta- repliqué sarcástica.

-Te salvé la vida- eso fue como si un jarro de agua fría me cayese por encima y sirvió para que otra imagen saliera de subconsciente, en ella mi versión joven y un chico espiaban a unos hombres, o se escondían, la cara del chico dejó de estar borrosa y fue cuando supe que alguien tenía mucho que explicarme.

En un punto de inflexión entre querer gritar y casi caerme al suelo cogió mi mano y me sacó de la estación mientras mi shock y yo seguíamos juntos sin terminar de volver por completo a la realidad.

-Te recuerdo- dije minutos después, no sé que hiciste ni porque pero te recuerdo.

-¿En serio? Bien, no sé si estás lista para saber todo lo que pasó en aquellos meses porque realmente fue una locura, pero hay alguien que lleva estos cuatro años intentando saber donde estás y le debo decírselo.

-¿Quién es? –pregunté intrigada.


-Javier- intenté que el nombre me dijese algo, que apareciera alguna imagen aunque esta vez no pasó nada. Me subí en el coche con Pedro en busca de los recuerdos que de alguna forma habían desaparecido, en busca de la verdad que alguien me había arrebatado sin pedir permiso y que contra todo pronostico estaba completamente dispuesta a recuperar.

sábado, 26 de abril de 2014

Relato 2

¡Hola lectores! Aquí os traigo el segundo relato que presenté a el concurso literario de mi instituto, concurso que el miércoles supe que no gané con ninguno de los dos.
Llevo días diciendo que me da igual pero voy a ser sincera, no es totalmente así. Es cierto que no me puso triste, más bien lo que sentí fue como una especie de decepción aunque sé que ganar no es lo único que importa. 
Entonces empecé a pensar en el motivo por el cual seguía escribiendo, si parece ser que no soy buena, o eso piensa ese jurado, pero luego me di cuenta de que sería absurdo dejar de hacer algo que me gusta solo por no haber ganado un concurso y que yo ya sé que no soy una gran escritora no hace falta que me lo diga nadie, lo importante es que me gusta, me sirve para desconectar y me divierte.
Bueno, después de este rollo os dejo el relato que espero que os guste y que comentéis :)

“¿Alguna vez te he contado que un día comí comida para gatos?”
Esa frase resonó en mi mente nada más salir del avión, había pasado tiempo, mucho tiempo desde la última vez que lo había visto, pero a decir verdad todo seguía exactamente igual.
Irse a África no tuvo el efecto que pensaba que tendría y ahora podía dar la razón a todos aquellos que decían que se trataba de una forma de escapar y de no afrontar los problemas.
Fueron siete años sintiendo la muerte hasta en lo más profundo del alma, con miedo a las sequías, a las plagas, a las guerras, y en general a cualquier cosa que perturbara el orden normal de los acontecimientos.
Coger un avión lleno de cooperantes internacionales cuyo destino era Kenia no fue ni de lejos la decisión más racional de mi vida, sin embargo, allí vi cosas que me marcaron  y conocí a personas que siempre tendrán un lugar especial en mi corazón.
Verlo en la lejanía hizo que la retahíla de pensamientos que me llevaban asaltando desde el momento del despegue se esfumasen. Su aspecto era igual que la última vez: pelo castaño despeinado, zapatos negros, pantalón gris, jersey azul y su inseparable sonrisa de prepotencia y superioridad.
-Bienvenida de nuevo- me saludó sonriente.
-Hola Luis- contesté secamente.
-Ha pasado mucho tiempo Silvia, te fuiste después de devolverme el anillo y salir corriendo lo más rápido que pudiste.
-No puedo decir que me arrepienta de eso, pero sé que no era la solución.
-Recuerdo que te iba a contar una anécdota, te estaba diciendo que una vez comiera comida para gato al perder una apuesta y entonces me lanzaste el anillo te disculpaste y te marchaste a Kenia.
-No lo considero un error y si piensas que me arrepiento te equivocas, ni siquiera sé que haces aquí.
Empecé a caminar dando por terminada la conversación, sí, rompí mi compromiso de golpe, pero no podía casarme con un hombre al que no quería y que pretendía que me quedara en casa criando niños mientras dejaba mi titulo de psicología pudriéndose en una triste pared.
¿Le quise en algún momento? Probablemente.
Cuando nos conocimos todo era fácil, era amable, gracioso y se preocupaba por mi. Nunca llegué a pensar mucho en la dirección que tomaba nuestra relación y antes de poder reaccionar había aceptado un compromiso que no deseaba.
Palabras como “no vas a encontrar a nadie mejor” o “puedes estar satisfecha de que un chico tan majo te quiera, que para eso ya hay que tener valor” o “no entiendo porque dudas, ¿crees que tienes otras opciones?”. Dichas principalmente por mi madre y sus amigas hicieron que la escasa autoestima que llevaba reuniendo desde mi adolescencia volviera a evaporarse.
En el momento en el que aquel anillo de diamantes -creo que eso influyó en que lo aceptara- estuvo en mi dedo anular su actitud cambió. Fue como si su cara oscura saliese a la luz después de tres años de reclusión, y no me gustaba, resultó que el “ chico majo” era egoísta, prepotente, se creía superior a cualquiera y además era un machista controlador. Bueno, soy psicóloga, aún me pregunto como no lo vi venir, como no supe que la cara que mostraba no era la verdadera.
Me estaba siguiendo, lo sabía, podía oír el suave sonido de sus caros zapatos italianos hechos a medida. No había vuelto por él, no había nada que quisiera decirle, y estaba segura de que solamente estaba aquí gracias a la larga lengua de mi madre.
Para volver después de todo lo ocurrido hacía falta un motivo de peso –creo que mis palabras fueron que no volvería a no ser que alguien se estuviera muriendo- y por desgracia ese motivo existía.
Su nombre era Belén, mi hermana mayor. Saber que estaba en el hospital fue suficiente para que la idea de ver a Luis me diese exactamente igual, no se merecía ni uno más de mis pensamientos.
Cogí un taxi para ir al hospital y nada más entrar en la habitación vi a mi madre, me miró de arriba abajo y salió por la puerta sin decir nada.
-Tranquila, se le pasará- saludó Belén con una sonrisa.
Automáticamente fui a abrazarla, la había echado mucho de menos.
-Me gusta tu sonrisa, en mi opinión dejar al imbécil de Luis es lo mejor que podrías haber hecho, pero Silvia hay lugares más cercanos que Kenia.-me dijo mi hermana entre risas
-Es cierto, estaba en el aeropuerto y es cosa de mamá, pero por mucho que insista no voy a estar con una persona a la que no quiero y que pretende que me quede en casa criando los hijos que él crea convenientes tener.
-Quiero que seas sincera, ¿cómo estás?- añadí nerviosa.
-¿Quieres la verdad? Muy bien, me estoy muriendo. No es lo que querías oír pero si estás aquí es porque lo intuías ¿no? Tu misma lo dijiste y aquí estoy, me muero Silvia, y lo peor es que aunque llevo meses asumiéndolo no quiero morirme, no estoy lista para hacerlo.
Mi hermana cerró los ojos mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas haciendo que comprendiese la gravedad de la situación y que me arrepintiera de haber desconectado de las personas a las que quiero durante tanto tiempo por culpa de un simple idiota.
Salí de la habitación al ver que se había dormido, nuestra madre estaba sentada leyendo una revista y ni siquiera se dignó a levantar la vista cuando me oyó aparecer.
-Sé que estás enfadada, tienes tus motivos como que en siete años solo haya mandado 10 cartas, pero no puedo tolerar que sigas queriendo que me case con Luis. Sé que no es el momento ni el lugar, que Belén se muere sin estar lista, que ella no se merece morir, pero no tenías ningún derecho a decirle a ese manipulador que volvía de Kenia. Esa persona no tiene derecho a saber nunca más de mi, estudié, trabaje duro para obtener algo de reconocimiento y no pienso perder eso por nadie ni mucho menos por un hombre.
Existe una parte en los procesos de asimilación a los que llamamos puntos críticos, cuando mis pacientes llegan a ellos les digo que es el momento a partir del cual pueden mejorar. Bien, había llegado a mi propio punto crítico y aunque yo soy un completo desastre la vida es irónica, a pesar de no tener ni idea de enfrentar bien las cosas sabía como hacer que los demás lo hiciesen.
Tres días después Belén empezó a empeorar, lo más curioso es que nunca pregunté que era lo que le pasaba. No necesitaba saberlo para estar ahí para ella, le contaba algunas de mis aventuras por África, historias de pacientes que fueran graciosas, cualquier cosa que pudiera distraerla del desenlace que todos esperábamos.
Dos semanas más tarde estaba tan débil que casi no podía hablar, nuestra madre lloraba y yo era incapaz de hablar con los médicos. Tras dieciocho días de mi regreso uno de ellos nos dijo “que le había llegado la hora de una vez” , en ese momento quise darle una patada.
Me senté en una silla y le cogí la mano, nuestra madre hizo lo mismo desde el otro lado de la cama. No fue capaz de decirnos nada antes de que aquel odioso monitor empezase a pitar, en ese momento me di cuenta de que lloraba y de que llevaba demasiado tiempo sin hacerlo.
Sentí un dolor sordo en el pecho como si me estuviese comiendo por dentro, como si el corazón, los pulmones, el hígado y todos lo órganos formaran parte del menú de un ser que me hacia querer golpear el suelo.
Nada de lo que nadie dijera podía disminuirlo, cuando apagaron el monitor, cuando recordé nuestra infancia y todos los años pasados, me arrepentí por primera vez de haberme marchado a Kenia en lugar de afrontar los hechos como la persona fuerte que siempre dije que era.
Sin embargo, una vez realizadas las acciones lamentarse sobre lo que podría haber sido solo sirve para que el dolor aumente.
Tanto las malas decisiones como las buenas forman parte de lo que soy ahora, tanto el dolor como las alegrías.

La muerte estuvo presente en mi mente cada día durante siete años y  pensé que me había acostumbrado a ella, al sufrimiento y al dolor, pero al igual que todo lo que viví durante ese tiempo al final todo termina por sorprenderte. 

domingo, 13 de abril de 2014

Relato

¡Hola lectores! Aquí estoy después de mucho, mucho, mucho tiempo.
Os diría lo de siempre, pero a estas alturas ya me se el discurso de que estudiar no me deja tiempo de memoria.
Hoy no os traigo el capítulo 34, de hecho ni si quiera lo empecé a escribir y a partir de ahora no creo que pueda hacerlo hasta que acabe el curso (lo de que los de 2º de bachiller tenemos suerte por acabar en mayo es una gran mentira)
Podría decir que en esta ausencia tampoco tuve tiempo de escribir pero no es cierto, lo cierto es que si tuve tiempo de escribir y lo hice. Escribí dos relatos para el concurso literario de mi instituto y hoy os traigo el primero. No lo hice por ganar, que no creo que gane, más bien fue por probar a ver que pasaba y por diversión.
Bueno, no me enrollo más y os dejo con el primero que escribí, el segundo la semana que viene. Espero que os guste y que comentéis :)

Las vidas perfectas tarde o temprano acaban por estallar, haciendo que las cosas que en un momento considerabas impensables pasen a formar parte de una realidad cada vez más clara y evidente dejando atrás las que creías necesarias para sobrevivir en el mundo real.
Andrea lo tenía todo, su familia estaba forrada para que nos vamos a engañar, conseguía cualquier cosa sin ningún esfuerzo y se pasaba el día dando ordenes. Eso es lo que la gente veía de ella, no que debajo de ello había una persona con sus propios sentimientos y problemas.
Todo cambió un jueves de marzo, entró en casa y observó que no había nadie, ni sus padres, ni el servicio, la casa estaba completamente vacía y sumida en un silencio espectral. Como movida por una especie de presentimiento se dirigió a la cocina sin haber revisado las demás plantas. Encima de la mesa, pulcramente doblada, se encontraba una hoja de papel que Andrea cogió con dedos temblorosos dudando entre leerla y romperla en pedazos.
Finalmente se decantó por la opción más lógica y la leyó sin saber que era lo que tenía que esperar de ella.
Querida Andrea, supongo que te estarás preguntando donde está todo el mundo y lamentamos profundamente no haber podido despedirnos de ti.
La cruda verdad es que hemos huido a causa de que uno de los negocios que poseíamos fuera del país acaban de hundirse y todos saben que nosotros éramos los responsables de él.
No nos puedes encontrar porque de hacerlo tu también estarías más implicada de lo que en realidad estás. Ahora mismo llena la mochila más grande que encuentres de ropa y cosas que creas necesarias para vivir en lugares alejados del lujo, a continuación vete al cobertizo y busca un sobre que se encuentra en la balda superior de la estantería y sigue las instrucciones que ahí se dan. Por último deshazte de esta carta y emprende tu camino lejos de aquí, lo más lejos que puedas.
Con cariño, mamá y papá.”
Andrea estuvo mirando el papel durante unos minutos barajando un gran número de posibilidades. Se convenció a si misma de que era una broma pesada de alguno de sus amigos, pero por si acaso fue al cobertizo dispuesta a encontrar aquel supuesto sobre que incluía más información.
Tras rebuscar entre el desorden lo encontró, dentro había tres billetes de avión cuyo destino era Grecia, un enorme fajo de billetes y una nota en la que solo estaba escrita una palabra: corre.
Nunca había actuado bien en las situaciones difíciles y esa vez no era una excepción, poco a poco fue asimilando todo lo que estaba pasando y salió corriendo dispuesta a hacer lo que decían ambas notas.
Cogió la mochila más grande que pudo encontrar y empezó a llenarla de ropa, en ese momento todas sus prendas de marca, vestidos, faldas, tacones, bolsos, maquillaje y accesorios llamativos eran completamente inservibles.
En la cocina llenó otro compartimento con comida y agua, pero cuando estaba a punto de salir unos ruidos la hicieron sobresaltarse. Se trataba de las sirenas de los coches de policía que habían rodeado toda la casa.
Podía esperar a que entraran y le hicieran preguntas a las que no sabría responder en una asquerosa comisaría o podía arriesgarse y salir corriendo como nunca antes había hecho en su vida. Impulsada por un valor que hasta ella misma desconocía, salió por la puerta de atrás y se internó en el bosque intentado desviar a los policías que la seguían. Los oía, escuchaba sus respiraciones entrecortadas, pero no pensaba parar hasta que ellos lo hiciesen primero.
Cuando dejó de sentir su presencia se tumbó en el suelo intentando recuperar fuerzas hasta que una voz hizo que se incorporara llena de miedo.
-¿Pero cómo tendré que decir que no os podéis quedar aquí? ¿Es muy difícil seguir las señales que hay a lo largo de todo el bosque?
Andrea escuchaba a aquel chico, que sería un par de años mayor que ella, sin saber quien era ni si debía correr. Estaba harta de pasarse todo el tiempo dudando así que empezó a correr de nuevo dejándolo gritar a los árboles.
Después de un tiempo una carretera asomó entre la frondosidad del bosque, pero no pudo dar un solo paso en esa dirección al notar que algo le impedía moverse.
-Créeme, no quieres hacerlo- dijo el chico que había gritado a los árboles hacía unos minutos impidiéndole avanzar.
Andrea sentía curiosidad por él, no sabía quien era, que hacía allí, si intentaba apresarla...Volvió a ignorarle y nada más salir a la carretera con dirección al aeropuerto las sirenas de los coches de policía interrumpieron todos sus planes. Decir que dio la vuelta sería insultar a cualquier persona, animal o cosa que gire con total normalidad, lo que Andrea hizo fue gatear por el suelo hasta que estuvo segura de que estaba lo suficientemente lejos de allí para nada más hacerlo seguir corriendo sin rumbo alguno y sin tener ni la más remota idea de que hacer.
En el mismo momento en que se detuvo observó al chico a unos metros de distancia observándola con curiosidad. Andrea suspiró dándose por vencida y admitiendo que necesitaba ayuda para salir de allí sin que los “polis” la viesen.
-Pensé que era bastante evidente que te ignoraba, pero veo que sigues aquí, ¿qué es lo que quieres?- preguntó Andrea manteniendo las distancias.
-Mi nombre es Mateo, soy el responsable de reorganizar a los nuevos habitantes del claro, ¿quién eres tú?
Andrea seguía resistiéndose, pero al ver que sus opciones eran seguir dando vueltas por el bosque o confiar en el tal Mateo decidió volver a seguir su instinto y le contó su historia obviando algunos detalles como el motivo por el que la perseguían. Él no se mostraba sorprendido y tras barajar mentalmente sus opciones Andrea le siguió y no tardaron en llegar a un claro lleno de cabañas, tiendas de campaña y gente diversa. Mateo lo presentó como “El hogar de los desamparados”.
Pasó un tiempo, más del que ella hubiese pensado en ningún momento, aprendió a valerse por si misma, a cocinar, limpiar, pescar y a hacer toda la clase de cosas que siempre había considerado exclusivas de las asistentas y de la gente que no podía permitírselas. Aquel sitio no dejaba de sorprenderla, estaba constituido principalmente por fugitivos que de alguna manera habían escapado de la policía, como ella, también formaban parte de ese variado grupo unos cuantos ancianos que habían escapado de el psiquiátrico de la cuidad, ahora abandonado, y gente variada que nunca quiso desvelar los motivos por los que estaban allí.
Un mes después de llegar, Mateo se acercó a ella, cuando Andrea le miró a los ojos se dio cuenta de que en su interior se libraba una gran lucha interna.

Él sabía que ya nadie buscaba a Andrea, que la daban por muerta y que podía irse del bosque y del país como ella quería desde que la perseguían. Lo que Mateo no sabía, a pesar de que creía saberlo todo sin que nadie le dijera exactamente como eran las cosas, era que Andrea no tenía ninguna intención de irse a Grecia y empezar de nuevo en un lugar lleno de desconocidos en el que hablarían un idioma que casi no manejaba. En aquel bosque estaba su hogar, con gente que la valoraba sin intentar obtener nada a cambio de hablar con ella, allí no era Andrea la hija de tal o de cual, era Andrea la que estaba siendo perseguida, Andrea la que escapó, Andrea la que sobrevivió. Eso era lo único que importaba ahora.

domingo, 9 de marzo de 2014

Capítulo 33: Adiós a la luz

¡Hola lectores! Se que dije que iba a publicar la semana pasada, pero a mis profesores les pareció una buena idea mandarnos hacer trabajos en el escaso tiempo en el que no tenemos exámenes así que me fue imposible. Bueno, lo importante es que aquí estoy hoy con el capítulo 33, este capítulo es algo tétrico no sé porque motivo pero al escribirlo sentí que tenía que ser de esa forma. Sé que me vais a querer matar y aunque no sirva de mucho recordad que todo pasa por algo y que se va a entender mejor en el siguiente.
No me enrollo más, como siempre espero que os guste y que comentéis :)


Me desperté, sentía como si sobre mis ojos hubiese piedras que hacían que mis párpados pesasen impidiendo que pudiera abrirlos. Mis manos estaban atadas a  mi espalda, cuanto más las movía más dolía pero no podía evitarlo.

La ropa que llevaba puesta antes no estaba, ahora tenía algo parecido a un camisón de hospital -o eso me parecía porque no podía ver absolutamente nada.

A pesar de la situación de esas partes de mi cuerpo y del escalofriante miedo que hacía que estuviera temblando sin ningún control me levanté de donde estaba tumbada –parecía una especie de tabla- nada más hacerlo me di de bruces contra el suelo de baldosas.

Intenté levantarme, pero al no conseguir que las piernas me respondieran me resigné para ahorrar energía y esperé su siguiente movimiento mientras notaba la sensación de mi muerte por todo el ambiente de aquel lugar.

Una puerta se abrió, la ubiqué al oeste de donde me encontraba, antes de que dijera nada supe que era John. Me agarró de los brazos y me levantó del suelo con una delicadeza que no formaba parte de su carácter.

Sus manos empezaron a acariciar mi cara, quería correr, gritar, llorar, escupir, pegar, pero no, no hice nada de eso, solo me quedé muy quieta , temblando, esperando lo que sabía que iba a pasar. Pasó a mi espalda, mi pelo, y a los minutos a mi pecho, yo seguía igual de estática con los dientes tan apretados que creía que se romperían en pedazos en cualquier momento.

Unos labios pegajosos rozaron los míos y la alarma sonó en mi cabeza exigiendo que reaccionara, y cuando me soltó unos segundos decidí hacer algo completamente desesperado.

-Si me sueltas las manos esto podría ser distinto- Dije intentando poner un tono seductor aunque casi no tenía voz.

-Querida, no nací ayer y si lo hago sé que escaparás.

-No veo y me caigo al levantarme así que no creo que llegue muy lejos.

-Eso es cierto, pero me odias y no quiero volver a tener que subirte del suelo.

-Yo no te odio, besas mejor que cualquiera de mis ex novios- Decir lo que no lo odiaba era igual que tragar cristales, pero de nuevo tenía que aguantarme.

-¿Tu y Javier ya no estáis juntos?- Preguntó con ironía.

-No, eso fue un error, si mi padre no hubiera aparecido aquel día todo hubiese sido perfecto.
Noté movimientos en mi espalda junto con sonidos de satisfacción, había bajado parte de la guardia que era lo que buscaba, pero era demasiado fácil.

Volvió a coger mi cara entre sus manos y a besarme, mientras tanto intentaba pensar en tartas para no vomitarle encima. Localicé su cuello y esperé con todas mis ganas que aquellas clases de defensa personal que había dado de pequeña sirvieran para algo.

Mi cara quedó libre en el momento que apreté aquellos puntos del cuellos que servían para inmovilizar y toqué automáticamente mis ojos. Reprimí un grito al darme cuenta de que no tenía nada sobre ellos como creía hasta el momento. Estaba ciega.

Me arrastré por el suelo chocando y tirando cosas a la vez que las lágrimas caían por mis mejillas sin hacer nada por reprimirlas, pensando en que nunca más iba a volver a ver nada, en que nunca iba a salir de aquel lugar con vida, y en que John volvería en si muy pronto.

Llegué a la puerta, si salía las personas que caminaban por los pasillos me verían y estaría apresada antes de poder respirar, y sí me quedaba allí John despertaría y haría algo bastante peor.

Continué arrastrándome por aquel pasillo sin saber que estaba haciendo ni como todavía existía una parte de mi que pensaba en la posibilidad de escapar. No se oía nada y eso me dejaba más intranquila, choqué con algo parecido a una papelera e intenté levantarme por segunda vez. Conseguí mantenerme en pie a pesar de que me temblaban las piernas, caminaba despacio agarrada a la pared con el miedo constante de no poder levantarme del suelo.

El ruido de unas botas se acercaba frente a mi, pensé en que podía pasar desapercibida y entonces recordé que apenas estaba vestida. Era evidente que me habían visto así que esperé.

- Alicia, pssst-  Dijo una voz que no me sonaba pero no conseguía reconocer.

Al ver que no realizaba movimiento alguno la voz se acercó y me agarró de un brazo provocando que cayera de bruces al suelo otra vez.

-¡¿Es que estás ciega o que te pasa?!- Gritó enfurecida aquella voz.

-Pues lo estoy- Respondí justo cuando las lágrimas volvían a salir a jugar.

-Mierda, mierda, mierda, mierda, ¿algo más a parte de eso y lo de las piernas?

-No tengo porque dar explicaciones a un desconocido que planea mi muerte, acabad con esto de una vez y dejaos de rodeos.

-¿Desconocido? Soy Pedro, tienes que cambiarte, hay que salir rápido de aquí.

-¿No habías dejado está mierda?

-Se llama jugar a dos bandas en su contra, ahora es mejor que guardes silencio.

Entramos en una habitación y torpemente me quité aquel camisón y con ayuda de Pedro me vestí una camiseta, unos pantalones, unas botas y una sudadera que me quedaba gigante.

-Así que has escapado- La voz de Teresa resonó nada más salir de aquella estancia.

-Mierda- Susurramos Pedro y yo a la vez.

-Por eso mismo la estoy llevando de vuelta, lo que pasa que en el forcejeo el camisón que llevaba se rompió y la llevé a que se pusiera algo encima- Improvisó Pedro.

-Entonces estupendo, vamos- Respondió Teresa cogiéndome de un brazo.

Volvía a estar temblando, no sabía que era lo que me esperaba ahora, pero estaba segura de que no era nada bueno.

Mientras caminábamos por el pasillo se oían gritos de personas que parecían estar encerradas en puertas, unos de ellos me resultaron familiares. Era Laura.
Frené en seco nada más reconocerla a pesar de que Teresa seguía tirando de mi.

-¿Por qué está ella aquí?- Grité sin poder controlar la ira.

-¿Laura? Bueno, por si no quieres colaborar, para no contar lo que sabe y porque me apetece- Contestó riéndose.

Quise pegarle, quería romperle algún hueso o algo, pero teniendo en cuenta la ceguera y el fuerte agarre que Pedro ejercía sobre el otro de mis brazos no ocurrió nada.

La resignación volvió a apoderarse de mi y seguí caminando sin hacer comentarios ni rechistar, las piernas respondían como siempre pero los dos me agarraban cada uno de un brazo.

-Tengo otras cosas que hacer, ¿te importa acompañarla tu sola?- Dijo Pedro de repente.

-Oh si, no te preocupes no es ningún problema- Contestó Teresa riendo.

Antes de irse me susurró que iba a sacarme de allí pronto, sin embargo eso no me reconfortó en absoluto.

Nos paramos justo cuando estaba a punto de comerme una puerta, finalmente ella la abrió y la sensación de la muerte se apoderó por completo de la escasa cordura que me había hecho aguantar hasta ese momento. Me abandoné a la locura haciendo desaparecer de una vez por todas el miedo. Ahora todo daba igual.

sábado, 22 de febrero de 2014

Capítulo 32: ¿Cumpleaños feliz?

¡Hola lectores! Después de un más de un mes de ausencia aquí estoy, lo cierto es que a parte de los problemas habituales de falta de tiempo, de inspiración y todo eso esta vez hay que sumar problemas personales y unas largas semanas sin ordenador que me impidieron publicar a pesar de tener el capítulo preparado.
En compensación es bastante largo y el siguiente ya está escrito así que estará a finales de la semana que viene (si sigo viva porque es la invasión de los exámenes)
Este capítulo es el primero del desenlace, sé que lo llevo diciendo desde hace mucho pero ahora empieza de verdad... empieza lo fuerte... ahí lo dejo.
Ahora os dejo con el capítulo 32 y como siempre espero que os guste y que comentéis :)



Sobre la una de la tarde llegué a casa y nada más entrar sentí un olor a chocolate invadiendo mis fosas nasales, algo que me extrañó porque mi tarta de cumpleaños siempre había sido la de queso.

Mi madre apareció sofocada nada más oír el golpe que producía la puerta al cerrarse. Me arrastró al salón donde estaban mis hermanos, tanto Alba como  David sonreían de la forma en que lo hacen las personas cuando ocultan algo, que era exactamente lo que ellos hacían en ese momento.

Me taparon los ojos mientras sacaban los regalos de sus escondites y nada más volver a abrirlos observé una caja diminuta y otra algo mayor. Me lancé primero a la pequeña y la sorpresa apareció en mi cara al ver que eran unos preciosos pendientes de perla con forma indefinida. A pesar de haber dicho que no quería nada volvía a sentirme como cuando tenía ocho años y me encantaban los cumpleaños y los regalos que salían de ellos.

La otra caja guardaba algo mucho más distinto, siempre recordaba a mi madre decir de que cuando estaba empezando a hablar me inventaba palabras para referirme a cosas que se llamaban de otra forma y  también terminaba con mi emoción diciendo que la libreta en las que las había escrito estaba perdida. Pero para una sorpresa aún mayor estaba justo delante de mi.

Después de comer, de soplar las velas de la tarta de chocolate, Teresa y Laura aparecieran para ir de nuevo al hospital a ver a Sandra. Nada más llegar a su habitación la abracé con cuidado al ver que sostenía un paquete morado con un lazo enorme, y tras unos abrazos más lo abrí. De alguna manera habían reunido sus fotos favoritas fotos de los últimos diecisiete años para acabar juntándolas en un álbum que estaba dentro del regalo “principal”. Teniendo en cuenta mis vagos comentarios de cuando me arrastraban al centro comercial habían comprado el bolso “que me hacía volver a creer en que existen cosas en las tiendas que puede llevar una persona normal sin sentirse una puta”- a veces era un poco dramática, pero ciertamente esas palabras eran mías.

Antes de que pudiera seguir estrangulándolas con mis abrazos la enfermera con cara de vinagre que siempre no echaba apareció en la habitación dispuesta a hacer lo mismo una vez más. Caminamos hasta la casa de Laura donde nada más entrar anunció a gritos que nos íbamos a la playa, lo que hizo que un escalofrío recorriera mi columna al recordar lo que había pasado la última vez que había estado en aquel lugar. Intenté disimularlo con una enorme sonrisa para no levantar sospechas y nos pasamos la tarde entera allí.

Cuando pensaba que su plan ya había terminado Teresa sonrió maliciosamente y dijo que por la noche íbamos a ir de cena y luego de fiesta.

Una vez en mi casa, suspiré con resignación porque realmente no me apetecía, pero ellas lo habían organizado todo y lo menos que podía hacer era disfrutarlo.

Salí al portal a esperarlas y enseguida vi algo brillante en la lejanía, a medida que se acercaba fue tomando forma, bueno mejor dicho fueron, a dos metros de distancia observé a dos locas con diademas de luces y un diecisiete enorme.

-No pienso ponerme eso-Empecé a gritarles.

-Ya lo creo que lo harás, si nosotras podemos tu también, y además la tuya es distinta que para algo eres la cumpleañera- Sentenció Laura clavándome un diecisiete gigante en la cabeza.

Fuimos a cenar a nuestro restaurante favorito, mientras esperábamos la comida empezamos a reírnos y a rememorar las tonterías que habíamos hecho a lo largo de los años, hasta que los vi entrar por la puerta.

-Mierda- Susurré demasiado alto para que nadie me oyese.

-¿Qué pasa?- Preguntó Teresa.

-Que Javier acaba de entrar en el restaurante-Respondió Laura cortante.

-Bueno tampoco es para tanto, sigamos a lo nuestro- Consté intentando desviar el tema de conversación.

-Si, mientras no se le ocurra acercase no importa- Siguió Teresa.

-Pues es lo que está haciendo- Nos informó Laura.

-Mierda- Volví a repetir intentando encontrar sus ojos para hacerle ver que era una pésima idea.

-Supongo que debo felicitarte- Dijo Javier.

-No eres bien recibido aquí, así lárgate antes de que llamemos a seguridad- Gritó Teresa levantándose precipitadamente de la mesa.

-Está bien, ya me voy. Felicidades Alicia- Respondió con tranquilidad a la vez que me guiñaba un ojo y sonreía.

Él y Pedro se sentaron en una mesa peligrosamente cerca de la nuestra y yo intenté con toda la fuerza de voluntad que pude encontrar ignorar las miradas que me lanzaba.

Al terminar nos fuimos a la zona de fiesta y entonces recordé la pelea entre Lucas y aquel chico que me había besado hacía casi un año y mi noche borrosa de la fiesta de fin de curso.

Las tres terminamos en casa de Laura después de que como la ultima vez Teresa desapareciera misteriosamente. Todas suponíamos que detrás estaba un chico, y yo no era nadie para juzgar su silencio teniendo en cuenta que era una maldita mentirosa.

Antes de dormirme sonreí pensando en lo bien que me lo había pasado a lo largo del día, esperando que el resto de los diecisiete fueran igual de buenos.
*
A las cuatro de la mañana el móvil de Teresa sonó despertándonos a las tres, sentí como me paralizaba por completo cuando vi que era el número que nos habían dado en el hospital por si pasaba algo. Teresa se dirigió a él sin vacilar, pero antes de cogerlo sus dedos temblaban.

-Diga- Respondió con la voz entrecortada por el miedo -¿Co... como dice?- Siguió diciendo a punto de llorar- Si, vamos ahora mismo- Terminó con las lágrimas derramándose sin control por sus mejillas.

-¿Qué es lo que ha pasado?- Preguntó Laura que milagrosamente seguía entera.

-Vístete, tenemos que ir al hospital algo le ha pasado a Sandra.

No recuerdo la forma en la que llegamos al hospital, como el resto de hechos trágicos de mi vida se quedó en el olvido, sustituyendo la realidad por recuerdos borrosos.

Lo siguiente que estuvo claro fueron unos médicos corriendo con un carro de reanimación –había visto las suficientes series médicas como para saber que era exactamente eso y que algo no iba nada bien.

Nos prohibieron pasar, como era evidente, y allí nos quedamos las tres junto con su abuela que está vez no dormía. Media hora después el jaleo que se percibía cuando llegamos cesó de golpe.

El médico y el estudiante de la primera vez volvieron a salir por la puerta de la habitación de Sandra y sus caras no deparaban nada bueno.

-Lo siento, hicimos todo lo que pudimos por ella.- Esas palabras dichas por aquel joven estudiante fueron igual que recibir una patada en el pecho y las lágrimas ya campaban a sus anchas por toda mi cara.

-La paciente sufrió una hemorragia cerebral que supuso su entrada en quirófano de urgencia, durante esta intervención su corazón entró en parada dos veces, pero finalmente conseguimos que todo fuera todo lo bien que se podía esperar y regresó a su habitación.

-Hace unos minutos su corazón volvió a fallar y no pudimos hacer nada más por ella, lo siento- Los dos se fueron nada más decir todo eso, dejándonos a las cuatro destrozadas.

Busqué con desesperación algo a lo que agarrarme, cualquier cosa me servía, mis piernas empezaron a temblar y acabé llorando en el suelo. Sandra, la simpática, la callada, la loca de las compras, la increíble Sandra estaba muerta.
*
Abrí los ojos, estaba en una habitación que no me era familiar, todo el dolor volvió de golpe en ese instante. Ya no se trataba solo de las lágrimas y el llanto, era como si algo me estuviera perforando por dentro haciendo que empezara a gritar y a temblar perdiendo por completo el control de cualquier movimiento que realizaba mi cuerpo.

Odiaba la sensación de no recordar lo que había pasado y por desgracia se estaba volviendo demasiado común. En un momento de lucidez conseguí levantarme y decidí que tenía que saber en que lugar me encontraba, salí de aquella habitación y sentado en una silla, con su sonrisa hipócrita de siempre, estaba John.

-Querida, veo que ya estás despierta- Dijo con un exceso de musicalidad en la voz.

-¿Qué demonios hago aquí?- Le pregunté gritando todo lo que permitía mi voz ronca por llanto y gritos anteriores.

-Te lo explicaré encantada- Me contestó una reluciente Teresa sonriendo de la misma forma que él.

-¿Teresa? ¿Qué significa esto?

-Digamos que no eres la única que tiene secretos, llevo siendo un chivo expiatorio desde el día que terminó el secuestro. Lo sé todo, sé que estás otra vez con Javier, sé que nunca nos contaste nada de esto para intentar protegernos, sé que intentaste acabar con el TJT y mucho más de lo que tu nunca llegarás a averiguar.

-¿Por qué? ¿Por qué has hecho esto?

-¿Realmente necesitas una explicación? Estaba harta de que fuera el tercer plato de cualquiera de vosotras, de que nunca me tomaseis en serio. John me encontró y me proporciona lo métodos para hacer lo que quiera con quien quiera.

-¿Tu... mataste a Sandra?- Decir su nombre hace que las lágrimas vuelvan a salir de su fácil escondite.

-Te ha costado lo tuyo entenderlo- Dijo mientras me tocaba la cabeza como a un perro- no veo porque eres tan necesaria, pero eso no es asunto mío. Esto si.

Nada más decir eso dos hombre aparecen a mi espaldas y me sujetan de lo brazos para que no intente escapar, lo último que veo antes de que se me cierren los ojos es la cara de satisfacción de Teresa al clavarme una jeringuilla en el brazo. La cara de la persona en la que confié y a la creía mi amiga, Esa persona había muerto tras ser suplantada por otra llena de odio y rencor que quería verme morir de una forma lenta y dolorosa, pero yo estaba dispuesta a luchar hasta quedarme sin fuerzas.

P.D: Digamos que los problemas y enfermedades y términos médicos es muy posible que estén llenos de fallos pero no es un tema que maneje mucho así que os pido disculpas.
Nos vemos la semana que viene ^^