domingo, 12 de enero de 2014

Capítulo 31:Las puertas dobles

¡Hola lectores! Aquí os traigo el capítulo 31 después de mucho mucho mucho tiempo sin poder escribir más de dos palabras sin borrarlo todo la inspiración regresa.
Puedo asegurar que es el capítulo que más me costó escribir hasta el momento y tampoco es que sea de los que tienen más acción o alguna parte muy importante, pero me atasqué y bueno a veces pasa.
Ahora es cuando tengo que tirar de entradas programadas, pero lo importante es que consiga publicar de alguna forma. El jueves pondré una de unos premios de principios de mes que todavía no tuve tiempo de acabar.
No me enrollo más y os dejó con el capítulo, y como siempre espero que os guste y que comentéis :)




La cabeza me pesaba, como si en cualquier momento fuera a estallar y de ella empezaran a salir todos los pensamientos que habitualmente estaban en su interior.

Mi hermano me miraba como si hubiera cometido un asesinato y  Javier... bueno, él se miraba los pies. No podía decir que hubiera dicho toda la verdad, evidentemente detalles como las llamadas de números ocultos no es que fuera una buena idea propagarlos, pero el resto ya no era ningún secreto.

Una parte de mi había decidido que estaba harta de mentir y como tampoco se me ocurría una manera creíble de explicar la escena los dos aceptamos las consecuencias sin problemas.

David llevaba quince minutos mirando en grifo del fregadero sin decir ni una palabra y no tenía muy claro si era bueno o si meditaba una forma de castigo.

-Voy a suponer que decís la verdad, a daros un voto de confianza, pero esto no va a volver a repetirse- Dijo David mientras se tocaba las sienes con una mueca de dolor.

-¿Se lo vas  a decir a mamá?- Pregunté dubitativa.

-No, esta vez no- Contestó con una sonrisa de complicidad.

Después de aquello me pasé el resto de la mañana y de la tarde pensando en Sandra y en la operación a la que se sometería al día siguiente, siempre decía que odiaba hablar de su enfermedad y nunca la había presionado, pero por algún motivo esperaba que se hubiese abierto un poco más para saber hasta que punto debía de divagar sobre cosas horribles que podían pasar en la mesa de operaciones de un quirófano.
*
La sala de espera no era muy grande, y eso unido a que la llevaba recorriendo sin parar desde que habíamos llegado solo aumentaba mi sensación de encierro.

Teresa y Laura se fueron a la cafetería al ver que mis paseos no iba a parar en poco tiempo. Los estaba usando para intentar tranquilizarme y para no pensar en todo lo del día anterior.

Intenté centrarme en Sandra, y aunque solo eran las diez de la mañana y la operación podía durar más de siete horas no tenía intenciones de moverme de allí. Como de costumbre sus padres estaban en algún lugar del mundo y no creyeron que esto fuera algo importante para interrumpir su viaje, la única que la acompañaba a parte de nosotras era su abuela, que dormitaba a mi lado.

Sandra siempre había hecho como que no le importaba su ausencia, como que le daba igual que sus padres estuvieran con ella o en algún país del mundo, pero cualquier persona que la conociera un poco sabía que eso era una simple fachada que se alejaba de la realidad. Se sentía abandonada por ellos.

Teresa y un té aparecieron justo antes de que mi mente siguiera en territorios no permitidos. Acepté el té y ella se sentó a mi lado sin decir nada, no había nada que decir en estos momentos, las palabras de consuelo no pintaban nada hasta que alguien nos dijera algo malo y los pensamientos positivos se confundían con la innumerable lista de complicaciones que Sandra había dicho días antes.

Las horas pasaron con lentitud y solo me moví de allí para comprar un sándwich en la maquina que había en una esquina. Después todo siguió como antes y a las cuatro me encerré en el baño, observé el reflejo que se veía en aquel roñoso espejo y por mucho que lo intenté no conseguía asociarlo con una parte de mi que fuera capaz de reconocer,

Dos horas después dos personas con aspecto de médico salieron de aquellas puertas dobles.

-¿Familiares de Sandra Vázquez Rodríguez?- Preguntó el que tenía aspecto de tener mucha experiencia.

Automáticamente las tres nos levantamos y corrimos hacia aquellas feas puertas que llevaba horas mirando mientras los dos hombres nos miraban de forma divertida.

-Preferiría hablar primero con sus padres si no os importa- Siguió diciendo el mismo médico.

-Sus padres no están aquí, las únicas acompañantes somos nosotras y su abuela que está ahí durmiendo- Respondió Teresa con los nervios en la voz.

-Bien, pues en ese caso la operación de vuestra amiga tuvo una serie de complicaciones pero por suerte creemos que no tendrá ninguna secuela, aunque hasta que despierte no lo sabremos con seguridad. Cuando lo haga le diré a alguien que os avise para que la podáis ver.

En cuanto ambos desaparecieron nos miramos a la vez como en esos momentos en los que parecía que tuviésemos una especie de telepatía y nos abrazamos con fuerza. Su abuela despertó por el jaleo de nuestros gritos de alegría y nos sonrió antes de volverse a dormir de nuevo.

Dos horas y media más tarde el médico que había supuesto como estudiante nos dijo que Sandra había despertado y que sus constantes eran estables, nos llevó hasta su habitación y mientras Teresa y Laura entraron sin dudarlo yo no pude hacer otra cosa que paralizarme con la imagen que veía gracias a que la puerta estaba abierta.

-Es muy fuerte, no hay muchos que hubieran sobrevivido con éxito a las complicaciones de una operación con tanto riesgo como esta. Entra a verla con ellas que seguro que se alegra de veros a todas.

Las palabras de aquel supuesto estudiante tenían mucha razón y finalmente conseguí mover mis pies dentro de aquella habitación.

-¿Cómo te encuentras?- Le pregunte aunque fuera una estupidez.

-¿Qué día es hoy?- Me preguntó como respuesta.

-Jueves 28 de junio.

-Quedan 5 días para tu cumpleaños y ten por seguro que a pesar de estar aquí te lo pienso organizar igual que tenía planeado- Contestó apuntándome con el dedo que tenía unido a una máquina que lanzaba molestos pitidos.

Decir que me había olvidado por completo era quedarse corto, y además las ganas de que ese día estuviera tan cerca eran inexistentes. De alguna forma conseguí sonreír y seguimos en su habitación hasta que una enfermera nos echó de malas maneras.

Seguimos yendo los días sucesivos en los que cada vez Sandra se iba encontrando mejor, aunque no le darían el alta hasta dentro de una semana. Tenía la habitación llena de hojas con “planes” para ese maldito tres de julio que se empeñaba en mantener en secreto hasta el mismo día por la mañana, algo que me inquietaba bastante.

Hasta que llegó, me desperté por la mañana y tanto mi madre como mis hermanos estaban en la cocina esperándome con un desayuno especial, después aparecieron Teresa y Laura para un visita rápida al hospital en la que la misma Sandra me dio la hoja en la que aparecía todo lo que tenía que hacer.


Con un suspiro salí del hospital sin poder evitar sonreír, de todas formas parecía que el día no sería tan malo como esperaba en un  principio.

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