sábado, 22 de febrero de 2014

Capítulo 32: ¿Cumpleaños feliz?

¡Hola lectores! Después de un más de un mes de ausencia aquí estoy, lo cierto es que a parte de los problemas habituales de falta de tiempo, de inspiración y todo eso esta vez hay que sumar problemas personales y unas largas semanas sin ordenador que me impidieron publicar a pesar de tener el capítulo preparado.
En compensación es bastante largo y el siguiente ya está escrito así que estará a finales de la semana que viene (si sigo viva porque es la invasión de los exámenes)
Este capítulo es el primero del desenlace, sé que lo llevo diciendo desde hace mucho pero ahora empieza de verdad... empieza lo fuerte... ahí lo dejo.
Ahora os dejo con el capítulo 32 y como siempre espero que os guste y que comentéis :)



Sobre la una de la tarde llegué a casa y nada más entrar sentí un olor a chocolate invadiendo mis fosas nasales, algo que me extrañó porque mi tarta de cumpleaños siempre había sido la de queso.

Mi madre apareció sofocada nada más oír el golpe que producía la puerta al cerrarse. Me arrastró al salón donde estaban mis hermanos, tanto Alba como  David sonreían de la forma en que lo hacen las personas cuando ocultan algo, que era exactamente lo que ellos hacían en ese momento.

Me taparon los ojos mientras sacaban los regalos de sus escondites y nada más volver a abrirlos observé una caja diminuta y otra algo mayor. Me lancé primero a la pequeña y la sorpresa apareció en mi cara al ver que eran unos preciosos pendientes de perla con forma indefinida. A pesar de haber dicho que no quería nada volvía a sentirme como cuando tenía ocho años y me encantaban los cumpleaños y los regalos que salían de ellos.

La otra caja guardaba algo mucho más distinto, siempre recordaba a mi madre decir de que cuando estaba empezando a hablar me inventaba palabras para referirme a cosas que se llamaban de otra forma y  también terminaba con mi emoción diciendo que la libreta en las que las había escrito estaba perdida. Pero para una sorpresa aún mayor estaba justo delante de mi.

Después de comer, de soplar las velas de la tarta de chocolate, Teresa y Laura aparecieran para ir de nuevo al hospital a ver a Sandra. Nada más llegar a su habitación la abracé con cuidado al ver que sostenía un paquete morado con un lazo enorme, y tras unos abrazos más lo abrí. De alguna manera habían reunido sus fotos favoritas fotos de los últimos diecisiete años para acabar juntándolas en un álbum que estaba dentro del regalo “principal”. Teniendo en cuenta mis vagos comentarios de cuando me arrastraban al centro comercial habían comprado el bolso “que me hacía volver a creer en que existen cosas en las tiendas que puede llevar una persona normal sin sentirse una puta”- a veces era un poco dramática, pero ciertamente esas palabras eran mías.

Antes de que pudiera seguir estrangulándolas con mis abrazos la enfermera con cara de vinagre que siempre no echaba apareció en la habitación dispuesta a hacer lo mismo una vez más. Caminamos hasta la casa de Laura donde nada más entrar anunció a gritos que nos íbamos a la playa, lo que hizo que un escalofrío recorriera mi columna al recordar lo que había pasado la última vez que había estado en aquel lugar. Intenté disimularlo con una enorme sonrisa para no levantar sospechas y nos pasamos la tarde entera allí.

Cuando pensaba que su plan ya había terminado Teresa sonrió maliciosamente y dijo que por la noche íbamos a ir de cena y luego de fiesta.

Una vez en mi casa, suspiré con resignación porque realmente no me apetecía, pero ellas lo habían organizado todo y lo menos que podía hacer era disfrutarlo.

Salí al portal a esperarlas y enseguida vi algo brillante en la lejanía, a medida que se acercaba fue tomando forma, bueno mejor dicho fueron, a dos metros de distancia observé a dos locas con diademas de luces y un diecisiete enorme.

-No pienso ponerme eso-Empecé a gritarles.

-Ya lo creo que lo harás, si nosotras podemos tu también, y además la tuya es distinta que para algo eres la cumpleañera- Sentenció Laura clavándome un diecisiete gigante en la cabeza.

Fuimos a cenar a nuestro restaurante favorito, mientras esperábamos la comida empezamos a reírnos y a rememorar las tonterías que habíamos hecho a lo largo de los años, hasta que los vi entrar por la puerta.

-Mierda- Susurré demasiado alto para que nadie me oyese.

-¿Qué pasa?- Preguntó Teresa.

-Que Javier acaba de entrar en el restaurante-Respondió Laura cortante.

-Bueno tampoco es para tanto, sigamos a lo nuestro- Consté intentando desviar el tema de conversación.

-Si, mientras no se le ocurra acercase no importa- Siguió Teresa.

-Pues es lo que está haciendo- Nos informó Laura.

-Mierda- Volví a repetir intentando encontrar sus ojos para hacerle ver que era una pésima idea.

-Supongo que debo felicitarte- Dijo Javier.

-No eres bien recibido aquí, así lárgate antes de que llamemos a seguridad- Gritó Teresa levantándose precipitadamente de la mesa.

-Está bien, ya me voy. Felicidades Alicia- Respondió con tranquilidad a la vez que me guiñaba un ojo y sonreía.

Él y Pedro se sentaron en una mesa peligrosamente cerca de la nuestra y yo intenté con toda la fuerza de voluntad que pude encontrar ignorar las miradas que me lanzaba.

Al terminar nos fuimos a la zona de fiesta y entonces recordé la pelea entre Lucas y aquel chico que me había besado hacía casi un año y mi noche borrosa de la fiesta de fin de curso.

Las tres terminamos en casa de Laura después de que como la ultima vez Teresa desapareciera misteriosamente. Todas suponíamos que detrás estaba un chico, y yo no era nadie para juzgar su silencio teniendo en cuenta que era una maldita mentirosa.

Antes de dormirme sonreí pensando en lo bien que me lo había pasado a lo largo del día, esperando que el resto de los diecisiete fueran igual de buenos.
*
A las cuatro de la mañana el móvil de Teresa sonó despertándonos a las tres, sentí como me paralizaba por completo cuando vi que era el número que nos habían dado en el hospital por si pasaba algo. Teresa se dirigió a él sin vacilar, pero antes de cogerlo sus dedos temblaban.

-Diga- Respondió con la voz entrecortada por el miedo -¿Co... como dice?- Siguió diciendo a punto de llorar- Si, vamos ahora mismo- Terminó con las lágrimas derramándose sin control por sus mejillas.

-¿Qué es lo que ha pasado?- Preguntó Laura que milagrosamente seguía entera.

-Vístete, tenemos que ir al hospital algo le ha pasado a Sandra.

No recuerdo la forma en la que llegamos al hospital, como el resto de hechos trágicos de mi vida se quedó en el olvido, sustituyendo la realidad por recuerdos borrosos.

Lo siguiente que estuvo claro fueron unos médicos corriendo con un carro de reanimación –había visto las suficientes series médicas como para saber que era exactamente eso y que algo no iba nada bien.

Nos prohibieron pasar, como era evidente, y allí nos quedamos las tres junto con su abuela que está vez no dormía. Media hora después el jaleo que se percibía cuando llegamos cesó de golpe.

El médico y el estudiante de la primera vez volvieron a salir por la puerta de la habitación de Sandra y sus caras no deparaban nada bueno.

-Lo siento, hicimos todo lo que pudimos por ella.- Esas palabras dichas por aquel joven estudiante fueron igual que recibir una patada en el pecho y las lágrimas ya campaban a sus anchas por toda mi cara.

-La paciente sufrió una hemorragia cerebral que supuso su entrada en quirófano de urgencia, durante esta intervención su corazón entró en parada dos veces, pero finalmente conseguimos que todo fuera todo lo bien que se podía esperar y regresó a su habitación.

-Hace unos minutos su corazón volvió a fallar y no pudimos hacer nada más por ella, lo siento- Los dos se fueron nada más decir todo eso, dejándonos a las cuatro destrozadas.

Busqué con desesperación algo a lo que agarrarme, cualquier cosa me servía, mis piernas empezaron a temblar y acabé llorando en el suelo. Sandra, la simpática, la callada, la loca de las compras, la increíble Sandra estaba muerta.
*
Abrí los ojos, estaba en una habitación que no me era familiar, todo el dolor volvió de golpe en ese instante. Ya no se trataba solo de las lágrimas y el llanto, era como si algo me estuviera perforando por dentro haciendo que empezara a gritar y a temblar perdiendo por completo el control de cualquier movimiento que realizaba mi cuerpo.

Odiaba la sensación de no recordar lo que había pasado y por desgracia se estaba volviendo demasiado común. En un momento de lucidez conseguí levantarme y decidí que tenía que saber en que lugar me encontraba, salí de aquella habitación y sentado en una silla, con su sonrisa hipócrita de siempre, estaba John.

-Querida, veo que ya estás despierta- Dijo con un exceso de musicalidad en la voz.

-¿Qué demonios hago aquí?- Le pregunté gritando todo lo que permitía mi voz ronca por llanto y gritos anteriores.

-Te lo explicaré encantada- Me contestó una reluciente Teresa sonriendo de la misma forma que él.

-¿Teresa? ¿Qué significa esto?

-Digamos que no eres la única que tiene secretos, llevo siendo un chivo expiatorio desde el día que terminó el secuestro. Lo sé todo, sé que estás otra vez con Javier, sé que nunca nos contaste nada de esto para intentar protegernos, sé que intentaste acabar con el TJT y mucho más de lo que tu nunca llegarás a averiguar.

-¿Por qué? ¿Por qué has hecho esto?

-¿Realmente necesitas una explicación? Estaba harta de que fuera el tercer plato de cualquiera de vosotras, de que nunca me tomaseis en serio. John me encontró y me proporciona lo métodos para hacer lo que quiera con quien quiera.

-¿Tu... mataste a Sandra?- Decir su nombre hace que las lágrimas vuelvan a salir de su fácil escondite.

-Te ha costado lo tuyo entenderlo- Dijo mientras me tocaba la cabeza como a un perro- no veo porque eres tan necesaria, pero eso no es asunto mío. Esto si.

Nada más decir eso dos hombre aparecen a mi espaldas y me sujetan de lo brazos para que no intente escapar, lo último que veo antes de que se me cierren los ojos es la cara de satisfacción de Teresa al clavarme una jeringuilla en el brazo. La cara de la persona en la que confié y a la creía mi amiga, Esa persona había muerto tras ser suplantada por otra llena de odio y rencor que quería verme morir de una forma lenta y dolorosa, pero yo estaba dispuesta a luchar hasta quedarme sin fuerzas.

P.D: Digamos que los problemas y enfermedades y términos médicos es muy posible que estén llenos de fallos pero no es un tema que maneje mucho así que os pido disculpas.
Nos vemos la semana que viene ^^

2 comentarios:

  1. Eres cruel. Muy cruel. ¡No la mates! : ______ No lo esperaba para nada, la traición de Teresa, la muerte de Sandra....
    El capítulo ha estado genial^^ Pero tengo la esperanza de que Javier vaya y rescate a Alicia, al menos. Je.
    Había echado de menos tus capítulos y pasarme por blogger para comentar, pero los exámenes me reclaman y les odio :-)
    Espero otro prontoooooo.
    Besos, Ann<3

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    Respuestas
    1. Si, la verdad es que un poquito, pero si en este te parezco cruel es posible que en el siguiente quieras matarme.
      Alicia por el momento no va a morir pero en el futuro quien sabe lo que va a pasar...
      Los exámenes son un asco, nunca se acaban :(
      Este fin de semana publico el siguiente que ya está escrito.
      Besos;)

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