domingo, 13 de abril de 2014

Relato

¡Hola lectores! Aquí estoy después de mucho, mucho, mucho tiempo.
Os diría lo de siempre, pero a estas alturas ya me se el discurso de que estudiar no me deja tiempo de memoria.
Hoy no os traigo el capítulo 34, de hecho ni si quiera lo empecé a escribir y a partir de ahora no creo que pueda hacerlo hasta que acabe el curso (lo de que los de 2º de bachiller tenemos suerte por acabar en mayo es una gran mentira)
Podría decir que en esta ausencia tampoco tuve tiempo de escribir pero no es cierto, lo cierto es que si tuve tiempo de escribir y lo hice. Escribí dos relatos para el concurso literario de mi instituto y hoy os traigo el primero. No lo hice por ganar, que no creo que gane, más bien fue por probar a ver que pasaba y por diversión.
Bueno, no me enrollo más y os dejo con el primero que escribí, el segundo la semana que viene. Espero que os guste y que comentéis :)

Las vidas perfectas tarde o temprano acaban por estallar, haciendo que las cosas que en un momento considerabas impensables pasen a formar parte de una realidad cada vez más clara y evidente dejando atrás las que creías necesarias para sobrevivir en el mundo real.
Andrea lo tenía todo, su familia estaba forrada para que nos vamos a engañar, conseguía cualquier cosa sin ningún esfuerzo y se pasaba el día dando ordenes. Eso es lo que la gente veía de ella, no que debajo de ello había una persona con sus propios sentimientos y problemas.
Todo cambió un jueves de marzo, entró en casa y observó que no había nadie, ni sus padres, ni el servicio, la casa estaba completamente vacía y sumida en un silencio espectral. Como movida por una especie de presentimiento se dirigió a la cocina sin haber revisado las demás plantas. Encima de la mesa, pulcramente doblada, se encontraba una hoja de papel que Andrea cogió con dedos temblorosos dudando entre leerla y romperla en pedazos.
Finalmente se decantó por la opción más lógica y la leyó sin saber que era lo que tenía que esperar de ella.
Querida Andrea, supongo que te estarás preguntando donde está todo el mundo y lamentamos profundamente no haber podido despedirnos de ti.
La cruda verdad es que hemos huido a causa de que uno de los negocios que poseíamos fuera del país acaban de hundirse y todos saben que nosotros éramos los responsables de él.
No nos puedes encontrar porque de hacerlo tu también estarías más implicada de lo que en realidad estás. Ahora mismo llena la mochila más grande que encuentres de ropa y cosas que creas necesarias para vivir en lugares alejados del lujo, a continuación vete al cobertizo y busca un sobre que se encuentra en la balda superior de la estantería y sigue las instrucciones que ahí se dan. Por último deshazte de esta carta y emprende tu camino lejos de aquí, lo más lejos que puedas.
Con cariño, mamá y papá.”
Andrea estuvo mirando el papel durante unos minutos barajando un gran número de posibilidades. Se convenció a si misma de que era una broma pesada de alguno de sus amigos, pero por si acaso fue al cobertizo dispuesta a encontrar aquel supuesto sobre que incluía más información.
Tras rebuscar entre el desorden lo encontró, dentro había tres billetes de avión cuyo destino era Grecia, un enorme fajo de billetes y una nota en la que solo estaba escrita una palabra: corre.
Nunca había actuado bien en las situaciones difíciles y esa vez no era una excepción, poco a poco fue asimilando todo lo que estaba pasando y salió corriendo dispuesta a hacer lo que decían ambas notas.
Cogió la mochila más grande que pudo encontrar y empezó a llenarla de ropa, en ese momento todas sus prendas de marca, vestidos, faldas, tacones, bolsos, maquillaje y accesorios llamativos eran completamente inservibles.
En la cocina llenó otro compartimento con comida y agua, pero cuando estaba a punto de salir unos ruidos la hicieron sobresaltarse. Se trataba de las sirenas de los coches de policía que habían rodeado toda la casa.
Podía esperar a que entraran y le hicieran preguntas a las que no sabría responder en una asquerosa comisaría o podía arriesgarse y salir corriendo como nunca antes había hecho en su vida. Impulsada por un valor que hasta ella misma desconocía, salió por la puerta de atrás y se internó en el bosque intentado desviar a los policías que la seguían. Los oía, escuchaba sus respiraciones entrecortadas, pero no pensaba parar hasta que ellos lo hiciesen primero.
Cuando dejó de sentir su presencia se tumbó en el suelo intentando recuperar fuerzas hasta que una voz hizo que se incorporara llena de miedo.
-¿Pero cómo tendré que decir que no os podéis quedar aquí? ¿Es muy difícil seguir las señales que hay a lo largo de todo el bosque?
Andrea escuchaba a aquel chico, que sería un par de años mayor que ella, sin saber quien era ni si debía correr. Estaba harta de pasarse todo el tiempo dudando así que empezó a correr de nuevo dejándolo gritar a los árboles.
Después de un tiempo una carretera asomó entre la frondosidad del bosque, pero no pudo dar un solo paso en esa dirección al notar que algo le impedía moverse.
-Créeme, no quieres hacerlo- dijo el chico que había gritado a los árboles hacía unos minutos impidiéndole avanzar.
Andrea sentía curiosidad por él, no sabía quien era, que hacía allí, si intentaba apresarla...Volvió a ignorarle y nada más salir a la carretera con dirección al aeropuerto las sirenas de los coches de policía interrumpieron todos sus planes. Decir que dio la vuelta sería insultar a cualquier persona, animal o cosa que gire con total normalidad, lo que Andrea hizo fue gatear por el suelo hasta que estuvo segura de que estaba lo suficientemente lejos de allí para nada más hacerlo seguir corriendo sin rumbo alguno y sin tener ni la más remota idea de que hacer.
En el mismo momento en que se detuvo observó al chico a unos metros de distancia observándola con curiosidad. Andrea suspiró dándose por vencida y admitiendo que necesitaba ayuda para salir de allí sin que los “polis” la viesen.
-Pensé que era bastante evidente que te ignoraba, pero veo que sigues aquí, ¿qué es lo que quieres?- preguntó Andrea manteniendo las distancias.
-Mi nombre es Mateo, soy el responsable de reorganizar a los nuevos habitantes del claro, ¿quién eres tú?
Andrea seguía resistiéndose, pero al ver que sus opciones eran seguir dando vueltas por el bosque o confiar en el tal Mateo decidió volver a seguir su instinto y le contó su historia obviando algunos detalles como el motivo por el que la perseguían. Él no se mostraba sorprendido y tras barajar mentalmente sus opciones Andrea le siguió y no tardaron en llegar a un claro lleno de cabañas, tiendas de campaña y gente diversa. Mateo lo presentó como “El hogar de los desamparados”.
Pasó un tiempo, más del que ella hubiese pensado en ningún momento, aprendió a valerse por si misma, a cocinar, limpiar, pescar y a hacer toda la clase de cosas que siempre había considerado exclusivas de las asistentas y de la gente que no podía permitírselas. Aquel sitio no dejaba de sorprenderla, estaba constituido principalmente por fugitivos que de alguna manera habían escapado de la policía, como ella, también formaban parte de ese variado grupo unos cuantos ancianos que habían escapado de el psiquiátrico de la cuidad, ahora abandonado, y gente variada que nunca quiso desvelar los motivos por los que estaban allí.
Un mes después de llegar, Mateo se acercó a ella, cuando Andrea le miró a los ojos se dio cuenta de que en su interior se libraba una gran lucha interna.

Él sabía que ya nadie buscaba a Andrea, que la daban por muerta y que podía irse del bosque y del país como ella quería desde que la perseguían. Lo que Mateo no sabía, a pesar de que creía saberlo todo sin que nadie le dijera exactamente como eran las cosas, era que Andrea no tenía ninguna intención de irse a Grecia y empezar de nuevo en un lugar lleno de desconocidos en el que hablarían un idioma que casi no manejaba. En aquel bosque estaba su hogar, con gente que la valoraba sin intentar obtener nada a cambio de hablar con ella, allí no era Andrea la hija de tal o de cual, era Andrea la que estaba siendo perseguida, Andrea la que escapó, Andrea la que sobrevivió. Eso era lo único que importaba ahora.

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