domingo, 9 de marzo de 2014

Capítulo 33: Adiós a la luz

¡Hola lectores! Se que dije que iba a publicar la semana pasada, pero a mis profesores les pareció una buena idea mandarnos hacer trabajos en el escaso tiempo en el que no tenemos exámenes así que me fue imposible. Bueno, lo importante es que aquí estoy hoy con el capítulo 33, este capítulo es algo tétrico no sé porque motivo pero al escribirlo sentí que tenía que ser de esa forma. Sé que me vais a querer matar y aunque no sirva de mucho recordad que todo pasa por algo y que se va a entender mejor en el siguiente.
No me enrollo más, como siempre espero que os guste y que comentéis :)


Me desperté, sentía como si sobre mis ojos hubiese piedras que hacían que mis párpados pesasen impidiendo que pudiera abrirlos. Mis manos estaban atadas a  mi espalda, cuanto más las movía más dolía pero no podía evitarlo.

La ropa que llevaba puesta antes no estaba, ahora tenía algo parecido a un camisón de hospital -o eso me parecía porque no podía ver absolutamente nada.

A pesar de la situación de esas partes de mi cuerpo y del escalofriante miedo que hacía que estuviera temblando sin ningún control me levanté de donde estaba tumbada –parecía una especie de tabla- nada más hacerlo me di de bruces contra el suelo de baldosas.

Intenté levantarme, pero al no conseguir que las piernas me respondieran me resigné para ahorrar energía y esperé su siguiente movimiento mientras notaba la sensación de mi muerte por todo el ambiente de aquel lugar.

Una puerta se abrió, la ubiqué al oeste de donde me encontraba, antes de que dijera nada supe que era John. Me agarró de los brazos y me levantó del suelo con una delicadeza que no formaba parte de su carácter.

Sus manos empezaron a acariciar mi cara, quería correr, gritar, llorar, escupir, pegar, pero no, no hice nada de eso, solo me quedé muy quieta , temblando, esperando lo que sabía que iba a pasar. Pasó a mi espalda, mi pelo, y a los minutos a mi pecho, yo seguía igual de estática con los dientes tan apretados que creía que se romperían en pedazos en cualquier momento.

Unos labios pegajosos rozaron los míos y la alarma sonó en mi cabeza exigiendo que reaccionara, y cuando me soltó unos segundos decidí hacer algo completamente desesperado.

-Si me sueltas las manos esto podría ser distinto- Dije intentando poner un tono seductor aunque casi no tenía voz.

-Querida, no nací ayer y si lo hago sé que escaparás.

-No veo y me caigo al levantarme así que no creo que llegue muy lejos.

-Eso es cierto, pero me odias y no quiero volver a tener que subirte del suelo.

-Yo no te odio, besas mejor que cualquiera de mis ex novios- Decir lo que no lo odiaba era igual que tragar cristales, pero de nuevo tenía que aguantarme.

-¿Tu y Javier ya no estáis juntos?- Preguntó con ironía.

-No, eso fue un error, si mi padre no hubiera aparecido aquel día todo hubiese sido perfecto.
Noté movimientos en mi espalda junto con sonidos de satisfacción, había bajado parte de la guardia que era lo que buscaba, pero era demasiado fácil.

Volvió a coger mi cara entre sus manos y a besarme, mientras tanto intentaba pensar en tartas para no vomitarle encima. Localicé su cuello y esperé con todas mis ganas que aquellas clases de defensa personal que había dado de pequeña sirvieran para algo.

Mi cara quedó libre en el momento que apreté aquellos puntos del cuellos que servían para inmovilizar y toqué automáticamente mis ojos. Reprimí un grito al darme cuenta de que no tenía nada sobre ellos como creía hasta el momento. Estaba ciega.

Me arrastré por el suelo chocando y tirando cosas a la vez que las lágrimas caían por mis mejillas sin hacer nada por reprimirlas, pensando en que nunca más iba a volver a ver nada, en que nunca iba a salir de aquel lugar con vida, y en que John volvería en si muy pronto.

Llegué a la puerta, si salía las personas que caminaban por los pasillos me verían y estaría apresada antes de poder respirar, y sí me quedaba allí John despertaría y haría algo bastante peor.

Continué arrastrándome por aquel pasillo sin saber que estaba haciendo ni como todavía existía una parte de mi que pensaba en la posibilidad de escapar. No se oía nada y eso me dejaba más intranquila, choqué con algo parecido a una papelera e intenté levantarme por segunda vez. Conseguí mantenerme en pie a pesar de que me temblaban las piernas, caminaba despacio agarrada a la pared con el miedo constante de no poder levantarme del suelo.

El ruido de unas botas se acercaba frente a mi, pensé en que podía pasar desapercibida y entonces recordé que apenas estaba vestida. Era evidente que me habían visto así que esperé.

- Alicia, pssst-  Dijo una voz que no me sonaba pero no conseguía reconocer.

Al ver que no realizaba movimiento alguno la voz se acercó y me agarró de un brazo provocando que cayera de bruces al suelo otra vez.

-¡¿Es que estás ciega o que te pasa?!- Gritó enfurecida aquella voz.

-Pues lo estoy- Respondí justo cuando las lágrimas volvían a salir a jugar.

-Mierda, mierda, mierda, mierda, ¿algo más a parte de eso y lo de las piernas?

-No tengo porque dar explicaciones a un desconocido que planea mi muerte, acabad con esto de una vez y dejaos de rodeos.

-¿Desconocido? Soy Pedro, tienes que cambiarte, hay que salir rápido de aquí.

-¿No habías dejado está mierda?

-Se llama jugar a dos bandas en su contra, ahora es mejor que guardes silencio.

Entramos en una habitación y torpemente me quité aquel camisón y con ayuda de Pedro me vestí una camiseta, unos pantalones, unas botas y una sudadera que me quedaba gigante.

-Así que has escapado- La voz de Teresa resonó nada más salir de aquella estancia.

-Mierda- Susurramos Pedro y yo a la vez.

-Por eso mismo la estoy llevando de vuelta, lo que pasa que en el forcejeo el camisón que llevaba se rompió y la llevé a que se pusiera algo encima- Improvisó Pedro.

-Entonces estupendo, vamos- Respondió Teresa cogiéndome de un brazo.

Volvía a estar temblando, no sabía que era lo que me esperaba ahora, pero estaba segura de que no era nada bueno.

Mientras caminábamos por el pasillo se oían gritos de personas que parecían estar encerradas en puertas, unos de ellos me resultaron familiares. Era Laura.
Frené en seco nada más reconocerla a pesar de que Teresa seguía tirando de mi.

-¿Por qué está ella aquí?- Grité sin poder controlar la ira.

-¿Laura? Bueno, por si no quieres colaborar, para no contar lo que sabe y porque me apetece- Contestó riéndose.

Quise pegarle, quería romperle algún hueso o algo, pero teniendo en cuenta la ceguera y el fuerte agarre que Pedro ejercía sobre el otro de mis brazos no ocurrió nada.

La resignación volvió a apoderarse de mi y seguí caminando sin hacer comentarios ni rechistar, las piernas respondían como siempre pero los dos me agarraban cada uno de un brazo.

-Tengo otras cosas que hacer, ¿te importa acompañarla tu sola?- Dijo Pedro de repente.

-Oh si, no te preocupes no es ningún problema- Contestó Teresa riendo.

Antes de irse me susurró que iba a sacarme de allí pronto, sin embargo eso no me reconfortó en absoluto.

Nos paramos justo cuando estaba a punto de comerme una puerta, finalmente ella la abrió y la sensación de la muerte se apoderó por completo de la escasa cordura que me había hecho aguantar hasta ese momento. Me abandoné a la locura haciendo desaparecer de una vez por todas el miedo. Ahora todo daba igual.